
Personal de
Daniel H. Grad

Tapa libro
“Renacer sin morir” |
Además
de original y profundo poeta, la vocación
estética de Daniel Horacio Grad lo conduce
con éxito al mundo de la fotografía.
En este quehacer lo conocí en Buenos Aires,
hace algunos años, en ámbitos frecuentados
por artistas de nuestro medio.
En los tiempos actuales, sabemos que el cruzamiento
de los géneros constituye una característica
generalizada dentro de las expresiones artísticas.
Por ello, hablar de poesía al comentar este
libro en prosa (publicado en diciembre del año2002)
no es un error. Más aún, la escritura
de Daniel H. Grad (prosa poética la definirían
los críticos meticulosos) despliega un rico
potencial lírico.
El volumen cuya diagramación ha sido muy
cuidada, muestra el color negro de su tapa y contratapa
como una impronta visual acorde con la atmósfera
de la obra que nos ocupa. Imágenes que se
sostienen con metáforas imprevisibles asoman
desde esas páginas preliminares: “Caos
de la risa. El eco de la sombra es el recuerdo”
(leemos en la página 7).
Al recorrer los textos me atrapa la urgencia de
transcribir páginas completas. Si bien, aquí
me remitiré a subrayar algunos de los tantos
hallazgos expresivos. Por ejemplo: “Es la
tarde perdida en laberintos”... “adónde
va el polvo después de la mirada” (9)
Siguen después las llamadas Cartas, muchas
de las cuales fueron publicadas, según aclara
el autor, en distintas fechas (desde 1996 hasta
el 2002). Nos detendremos en las reunidas en esta
edición. Verdaderos poemas con discursos
transfiguradores cargados de sabiduría, misterio
y reflexivos momentos.
El tiempo, el eco, la voz, la infancia, la palabra
se instalan como ejes primordiales de alto relieve
estético y carnadura humana llena de temblor.
Sombras y ventanas asoman en medio del dragón
y el relámpago. Todo se convierte en efervescencia
polisémica: “El tiempo esta trayendo
un susurro de miel.” “Alguien golpea
las venas.” (15) La muerte y la eternidad
van detrás de esa sed insaciable y compleja
que emana con inquietante ternura. Precisamente,
la palabra es una referencia obsesiva en Daniel
H. Grad. También este artista aludirá
a la preocupación visual, me refiero específicamente
a la fotografía. En la página 23 expresa:
“Se anticipaba la palabra como foto de foto,
como eco del tiempo que se parte...” Así
mismo, en la carta LXXV leemos: “La tarde
olía a ciruelas, a perfil de retrato abandonado
casi por azar...” (37) Nos son casuales estas
y otras confluencias, ya que Grad convierte todo
en sensaciones por donde circularán ecos
y silencios, ruinas y paraísos, infiernos
y rezos. Entre la luz y la oscuridad llegan trágicas
enunciaciones como la siguiente: “Tenemos
como volcán, carne en erupción.”
Desde el título, este libro anuncia palabras
como éstas, que aparece en la página
77: “No soy yo, no es mi resurrección.”
Las páginas finales calan hondo en el dolor
sin despojarse de cierta lejana Epifanía:
“Vino a florecer esta orfandad” (82)
“Y como un premeditado fin (dentro del astro
que ilumina la mirada) van los salmos, la plegaria,
va la tierra a beber nuestra osamenta” (83)
“Llueve. Siempre llueve al borde del renacimiento.”
(89)
Los espacios presentados en estos textos constituyen
focalizaciones que superan cualquier registro meramente
descriptivo. Operan como áreas de sueño,
máscaras, entre adversidades y presagios,
estallando hacia horizontes de infinitas proyecciones. |