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NBuenos Aires de ayer y de hoy
por Norma Pérez Martín »n
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Las libres del sur
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María Rosa Lojo












Villa Ocampo, San Isidro
El nombre de Maria Rosa Lojo está instalado legítimamente entre los más calificados exponentes de nuestras letras. Excelente novelista, rigurosa y lúcida investigadora del CONICET, autora de ensayos (publicados en Argentina y en el exterior), ganadora de prestigiosos premios, docente universitaria cuya actividad ha llegado a los centros académicos de México, Madrid, Salamanca, Touluse, entre otros, colaboradora permanente en el suplemento literario de La Nación (Bs. As.); sus relatos y libros de poemas completan la multifacética trayectoria de nuestra escritora nacida en Buenos Aires en 1954.

Ella ha revelado siempre gran capacidad para conjugar realidades y ficciones en las novelas históricas que han sido reconocidas por la crítica especializada y a través de trabajos académicos del país y del extranjero. Maria Rosa Lojo acaba de publicar Las libres del Sur: una novela sobre Victoria Ocampo.

Libro que fue lanzado recientemente al público en el Auditorio de El Ateneo (Bs. As.), donde las exactas y brillantes palabras de Luisa Valenzuela y Angélica Gorodischer pusieron de relieve la calidad de esta obra.

Antes de incursionar en Las libres del Sur conviene recordar algunas de las novelas inspiradas en ese apasionado buceo que M. R. Lojo ofrece sobre temas y personajes de la vida argentina. En Historias ocultas en la Recoleta (Alfaguara 2000) presenta figuras conocidas unas, silenciadas otras, cuyos restos descansan en el histórico cementerio de la ciudad de Buenos Aires.

En La Princesa Federal (Planeta 1998) la imaginación de Lojo, combinada con sus rigurosas investigaciones, presenta un análisis histórico y psicológico de Manuelita Rosas. La autora se aleja eficazmente de la imagen de la hija del Restaurador, que solíamos frecuentar en los textos escolares. La novelista incursiona en el personaje, visto desde la ancianidad, rememorando otros tiempos. La añoranza de la patria lejana se tiñe con líricas pinceladas y agudas observaciones instaladas en la narración.

Otra de las novelas, atraviesa –como dijo Eduardo Belgrano Rawson– "un viaje extraño, pleno de encanto y misterio, por un territorio mítico del pasado argentino." En efecto, bajo el título La pasión de los nómades sigue detenidamente las andanzas de Lucio V. Mansilla en aquella excursión a los indios ranqueles. Debemos subrayar que Maria Rosa Lojo, en compañía de su marido y colaborador Oscar Beuter, siguieron con cuidadoso análisis aquel itinerario en esas tierras memorables. Tiempo y espacio entretejen una escritura sin fisuras, con un discurso que asume diferentes focalizaciones y mensajes.

Las libres del Sur está dedicada a los padres de la autora: "María Teresa que vino de Madrid a Bs. As. con una valija de libros" y a "Antonio, que luchó por la República Española."
Analizar este libro nos invita a conocer la figura de Victoria Ocampo en su juventud. Carmen Brey, un personaje inventado, que en muchos casos constituye un alter ego de la autora, conduce el entramado novelístico. A través de ella se configuran situaciones, diálogos y focalizaciones de singular belleza, fuerza e intencionalidades. Se diseñan, por otra parte, ambientes culturales diferentes, donde París constituirá el epicentro tentador de las décadas de 1920-1930.

Como inquieta lectora y hábil traductora, la joven asturiana C. Brey servirá de intérprete entre las figuras relevantes del mundo a las cuales hospedaba Victoria Ocampo: tal el caso, de Rabindranath Tagore. Entre detalles y conversaciones donde la sabiduría se intercala con deliciosos aspectos cotidianos, el libro avanza iluminando con imágenes llenas de colorido sabor. El mundo de la ciudad de Bs. As. se va desplegando y la personalidad indomable de V. Ocampo crece entre aceptaciones y rechazos. M. R. Lojo muestra de qué modo, nacida en un ambiente elitista y conservador, Victoria se libera de los prejuicios de su clase. Seducida por sus insaciables intereses culturales, no la amedrentarán las críticas ni los pacatos juicios despectivos.

La novelista escudriña con respetuosa atención a los más íntimos recodos de cada conciencia. Sus personajes, tallados con elementos recogidos por la rica documentación y las obras existentes de esos escritores, pensadores venidos de lejanas tierras, son tratados con sensibilidad, reconocimiento, pero a la vez, desde el espíritu crítico que M. R. Lojo despliega con sincera e inteligente convicción.
Dinámicas, y a veces apasionantes controversias, sazonan los diálogos entre personajes ilustres que Victoria no titubea en consultar, aunque también cuestionará cuando así se lo imponga su juicio.
No faltan ráfagas de humor y abruptas consideraciones entre cruzados sentimientos: el caso de Keyserling constituye un ejemplo singular.

M. R. Lojo, sin fracturar la arquitectura narrativa, conduce al lector por diferentes espacios que fundamentan el panorama de la cultura argentina. Por ello, no resulta arbitrario el paso de Marechal y Borges hacia Los Toldos. En esas tierras mapuches asomará la pequeña niña que aspira a ser artista de cine. Esa niña dirá, cuando le pregunten su nombre: “Eva, pero me dicen Evita. O Chola. Aunque el nombre completo es María Eva, ¿sabe?. Por el pecado original.” (155)

La novela está dividida en cuatro partes y se cierra con el capítulo que lleva el título de esta obra. Aquí, debemos detenernos en la figura de Waldo Frank y su relación con el significado del título del libro que estamos comentando. W. Frank, norteamericano cuyas conferencias eran publicadas en las páginas de La Nación, La Prensa, Crítica, “hablaba de los pueblos originarios, los pieles rojas, señores de los bosques que la soberbia de los blancos se negaba a aceptar como fundadora de su propia memoria”. Aquel norteamericano –como declara M. R. Lojo– sabía que “los negros, irlandeses, italianos, judíos y todos los inmigrantes, en los Estados Unidos o en la Argentina, debían componer, no un crisol informe sino una gran nación sinfónica.” (231) W. Frank impulsará a V. Ocampo para fundar una revista. Él, que reconocía la existencia de mujeres inteligentes e indomables en nuestro país (las “Libres del Sur”) sostendrá frente a Victoria, aún temerosa y tímida para enfrentar dicho emprendimiento cultural: “Ahora nosotros, que tenemos más futuro, somos los que transformaremos a Europa.” (241)

Las páginas finales de esta novela resultan un pórtico para recordarnos cómo y en qué circunstancias nació la Revista SUR, abierta al mundo desde este rincón de América llamado Buenos Aires.
Hoy, Villa Ocampo, en la localidad de San Isidro, espera. Allí, Victoria, ya anciana, dispuso que la UNESCO se hiciera cargo de dicho recinto que albergó tantos valores de la cultura y que nos toca a todos cuidar y respetar como testimonio para las futuras generaciones.
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