| Nació,
Francisco Petraca Mesulla, en el Almagro gardeliano, hoy reciclado
con un shopping y varias salas teatrales, en el seno de una familia
de inmigrantes italianos, conformado por tres varones y una mujer.
Compinche de
Cayetano Biondo, alumno de una primaria que sintió aburrida,
labrador, empleado ferroviario, periodista en el Avisador Comercial
hasta su renuncia, por la imposibilidad de asistir a la función
vermouth de cualquier teatro.
Comenzó
su labor actoral en el filodramático La carcajada, en 1918,
año en el que asume su definitivo Francisco Petrone, al que
luego se le agregaría el mote Todo un hombre.
Actuó
junto a Enrique Muiño en El camino de la Tablada (1930),
y con Milagros de la Vega, Sebastián Chiola, Orestes Caviglia,
Fanny Brena, interpretó en el Sodre de Montevideo un repertorio
universal que "el público se negaba a apoyar".
"Nosotros
éramos actores del sainete, sobre todo Chiola, Caviglia y
yo", recordó más tarde.
Al teatro le
sumó su participación en Artistas ARGENTINOS Asociados,
baluarte de nuestra cinematografía que originó con
Enrique Muiño, Elías Alippi, Homero Manzi, Petit de
Muart, Angel Magaña, Lucas Demare, las recordadas Pampa Bárbara,
La guerra gaucha, Donde mueren las palabras, Todo un hombre, hitos
de la época de oro.
Exiliado en
1950, del regreso al país cinco años más tarde,
aclamado en la Argentina y en América Latina, premiado en
Cuba por su labor en Todo un hombre, Petrone creó en el '58
el Teatro ARENA, una carpa inflada de proyectos, levantada en pleno
Once. Allí estrenó con artistas de la escena independiente
y del teatro comercial, Una libra de carne, la exitosa pieza de
Agustín Cuzzani, y Juan Moreira, Un guapo del 900, Un enemigo
del pueblo, entre otros espectáculos que atrajeron a un público
ávido de asistir a esa manifestación popular de la
escena argentina.
Sin límites
en su fervor creativo, Petrone dirigió en el Odeón,
hoy playa de estacionamiento, El gato sobre el tejado de zinc caliente,
con Inda Ledesma y Duilio Marzio, y Largo viaje de un día
hacia la noche, ambas de O'Neill, con Jordana Fain, actriz del IFT
a quien llamó cariñosamente, "la rusa".
Rodeado de su
mujer, a la que amaba, y de sus hijos, cinco varones y dos niñas,
partió Francisco Petrone, investido de los personajes a los
que se les "prestó" su rostro, su mirada, su inclaudicable
dignidad, presente más allá de su muerte.
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