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"Ël
teatro, cualquiera que sea su expresión, ha sido desde que
era niña, y seguirá siendo, la gran pasión
de mi vida".
El 6 de agosto de 1967, Jordana Fain, prestigiosa actriz y directora
teatral, iniciaba su más extenso viaje.
Partió,
reconocida por sus pares, nítidas sus protagonistas, inolvidables
"sus" Chejov, O'Neill, Pirandello, Shakespeare.
"El
trabajo de Jordana Fain fue acabadamente perfecto"
escribió Joaquín Gómez Bas, en 1937, por su
interpretación de O'Neill, Strindberg y Andreieff.
"Estamos
seguros que ninguna primera actriz de nuestra escena hubiese superado
la labor interpretativa de esta inteligente actriz"
(J.L.B.)
Así
lo entendió el jurado. Roberto Arlt, Benito Quinquela Martin,
Alfonsina Storni, Milagros de la Vega, premiaban su trabajo con
la Medalla
de Oro, máxima distinción de La
Peña (1942).
Actriz,
directora, periodista -Sintonía
la contó entre sus colaboradoras- traductora en idish de
Platero y
yo, la sorpresa de Juan Ramón Jiménez se
tradujo en emocionado abrazo. Jordana Fain configuró, como
Alfonsina Storni, su maestra en el Labardén
y Profesora en el Conservatorio de Arte Escénico,
la imagen de la mujer emancipada espiritual y económicamente.
"Amaba
su independencia. Aunque era hija única de un hogar tradicionalmente
judío, siempre se asumió totalmente. Siempre fue Jordana
Fain"; tal fue la opinión de su esposo, David
Zwilij, el hombre con quien compartió veintidós años
de una convivencia interrumpida por su muerte.
Su nombre,
unido al I.F.T.
nos conduce al primer encuentro y posteriormente a otros, de un
grupo de actores y técnicos, en su mayoría amigos,
que luego de varias comidas que no superaban el envidiable costo
de treinta centavos, tomaba la decisión de transformar el
Prolit Bine (Teatro Proletario), en el primer teatro judeo-argentino
del país.
El hecho,
inscripto en la historia del I.F.T. se originó en la cocina
de la actriz Sara Aijenboim, devenida en los setenta en la madre
del desaparecido cineasta Raimundo Gleizer.
El I.F.T.,
"Escuela para adultos", en ningún momento cesó
en su formulación ética, expresada en un repertorio
universal y nacional, sostenido por los "iftlers".
Integrado
al movimiento independiente, transformado en escenario bilingüe,
el I.F.T. fue simiente de actores y directores vigentes en el teatro
argentino
Profesora de dicción y de poesía en el Seminario Hebreo,
y de Formación del Actor en el Estudio Dramático del
I.F.T., directora de espectáculos infantiles, miembro de
la Organización Internacional para la Literatura Juvenil,
con asiento en Zurich, forman parte de la actividad teatral y cultural
de la actriz que en 1957, al regreso de su viaje de Bucarest, fue
invitada por Francisco Petrone para la interpretación de
la Madre,
en Un largo viaje de un día hacia la noche, de O'Neill.
Antes
hubo que definir conceptos. Jordana
Fain, actriz del I.F.T. era la cláusula exigida
por ella para su primer trabajo en el teatro comercial, exigencia
impresa en el programa del Teatro
Odeón.
En los años difíciles de la antinomia profesional
independiente, su actitud marcó un compromiso ético
y la inevitable y necesaria conjunción de nuestros artistas.
Después llegaron otras propuestas.
Madre Coraje,
de Bertolt Brecht, dirigida por Alberto D'Aversa, aplaudida en Argentina
y Chile, inauguraba el escenario giratorio ideado y realizado en
el I.F.T. por Saulo Benavente;
La casa del ángel, recordado film de Leopoldo
Torre Nilson; Pluff,
el fantasmita, una pieza infantil, acercaron a Jordana
Fain a espectadores que acompañaron con su fervor a esa "época
de oro" de la escena independiente, semillero creador que nos
devuelve los múltiples rostros de Jordana Fain, sus ojos
azules, las cejas arqueadas, su voz, sacudiendo y emocionando a
un público que vibró con sus interpretaciones.
El carro de Madre
Coraje gira, impulsado por su arte.
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