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Crónicas de Bahía Blanca
por Julia M. Rossignol de Girón
jgiron@ciudad.com.ar
Bahía Blanca: La ciudad. Aspectos históricos.
El último malón.
 
Bahía Blanca es una ciudad ubicada al Sur, para la mayoría de los argentinos y a la vez la entrada a la Pcia. de Buenos Aires para una extensa masa territorial de escasa población.

Fue fundada el 11 de abril de 1828 por el Coronel Ramón Estomba, como fuerte militar. Los primeros pobladores fueron, en consecuencia, las tropas y sus familias.

Se levanta en una planicie con suaves desniveles que descienden hacia la costa atlántica, atravesada por los Arroyos Napostá Grande y Maldonado. Tiene tierras fértiles y un clima que se ha atemperado, en la medida en que se realizaron obras que afectaron al ecosistema original. Desde la ciudad vemos, contrastantes, las sierras y el mar.
   
Cacique Juan Calfucurá .
Dibujo de Juan Lamela.
Se trata de una recreación ,
ya que se desconoce la
existencia de una imagen
del cacique.
Imagen del fuerte reproducida en el periódico Juvenal ,
ejemplar 4 del 17 de junio de 1896.
   
Bahía Blanca tiene una ubicación importante en la actualidad y también la tenía en la época en que los indígenas la habitaban y se conservaban como los dueños naturales de la tierra. Era para los aborígenes el paso obligado como lo es hoy para el habitante austral.

Es una ciudad mediana. Ocupa el decimocuarto lugar a nivel país, con trescientos cincuenta mil habitantes, aproximadamente.

Desde la época fundacional han transcurrido poco más de ciento setenta años. Podemos decir sin lugar a dudas, que es una joven ciudad con viejas historias, con recuerdos, con episodios que aún provocan las reacciones más encontradas.

Cuando el Coronel Estomba acepta la ubicación propuesta por el Ingeniero Parchape para la ubicación del fuerte había presencias que cercaban a los recién llegados con recelos y con temor, pero también con una indomable voluntad de resistencia. Los tehuelches, los araucanos, los voroanos y los ranqueles, tribus de distintas etnias, habitaban en las proximidades, tenían sus asentamientos y pasaban frecuentemente. Sierra de la Ventana con sus abras, quebradas y valles era un lugar de privilegio para aparecer y desaparecer ante la incredulidad de los soldados que habitaban el fuerte, al amparo de una cerca de cuatro metros de altura por cuatro de espesor y de un amplio y profundo foso.
   
Delineación de Bahía Blanca 11 de abril de 1828 .Oleo del Ingeniero Carlos Pellegrini, que representa al Agrimensor Narciso Parchape delineando la nueva población.(Original en el Museo de Luján) Tehuelches con su vestimenta típica, capa con la piel hacia adentro. Valioso testimonio fotográfico sin identificación, presumiblemente de la colección del italiano Benito Panunzi , que visitó la Argentina entre 1860 y 1868 y se destacó por sus fotografías de gauchos e indios .
   
Los nuevos pobladores soportaban la rigurosidad de la falta de comunicación, los víveres escasos y el apoyo fluctuante según las decisiones del gobierno central. Los aborígenes a su vez tenían sus propias luchas, rivalidades y juegos de poder alentados en más de una oportunidad por las autoridades nacionales.

El Cacique Juan Calfucurá comandando el contingente de araucanos desplazó a las demás tribus en el dominio de la zona. A su vez Calfucurá mantenía buenas relaciones con Rosas, Gobernador de Buenos Aires, quién a través del temor y los regalos mantuvo a los aborígenes lejos de la línea de frontera, como llamaban a la endeble separación con una pampa a la que todavía no accedían los hombres "blancos".

En 1852 cae el gobierno de Rosas y las relaciones con las tribus comienzan a complicarse. Llegan frecuentemente a la ciudad. Se producen incursiones y finalmente el 19 de mayo de 1859 la pequeña aldea, de pocas casas, es atacada por más de tres mil hombres al mando de Calfucurá y otros jefes indios, entre ellos su hijo, Namuncurá. Incendiaron y avanzaron por las calles del pueblo pero fueron resistidos por los miembros de la Legión Militar Italiana y la guarnición criolla, quienes vencieron a los aborígenes a pesar de la diferencia en cantidad de hombres.

Al día siguiente la población observó una columna de humo que no provenía de los incendios de las viviendas. Eran los cuerpos de los vencidos, en una pira, infernal, dantesca.

¿Increíble ensañamiento? ¿Genocidio inicial para una pampa que pudo ser generosa? ¿Preludio del destierro y de la aculturación?

La plaza de la matanza cruel es hoy la misma plaza central de la ciudad, con sus canteros de rosas, sus árboles procedentes de diversos países, los juegos para los niños, los jubilados que entretienen sus horas con las cartas, la feria artesanal y la mirada atenta de Bernandino Rivadavia, desde su estatua de ubicación privilegiada.

Nada los recuerda.

Controversias de un país que no puede construir la identidad.
 
NOTA: Las fotos pertenecen al libro "Bahía Blanca en imágenes 1828-1928" de Ana Luisa Dozo y María Elena Ginóbili . Editorial: Edi U.N.S.
 
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