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| La
llegada del ferrocarril. |
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La
Máquina. |
Corren
las últimas décadas del siglo XVIII. En Bahía Blanca todavía huele
el último malón en las impresiones de sus escasos habitantes. Son
tiempos difíciles. Llegar significa cruzar el desierto, los médanos
de arena, el barro, los cangrejales. Significa soportar el viento,
persistente y caprichoso, convertido en una molesta presencia cotidiana,
pero la fuerza y perseverancia de los pioneros pudo más que la rigurosidad
climática. La ciudad fue creciendo y el oro de los granos hizo posible
la esperanza, desde una posición geográfica, que por su proximidad
con el mar, convirtió a la joven ciudad en el centro de la región
agrícolo-ganadera y en el paso obligado de la producción. |
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| En 1881 se anuncia
que el ramal ferroviario, que termina en Azul, se extenderá hasta el
puerto de Bahía Blanca. La expectativa que genera la noticia alentó nuevos
asentamientos y en tres años se duplicó la población. |
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En
1884 las obras de extensión del ferrocarril hasta el Atlántico quedaron
concluidas. Según narra José Guardiola Plubins, en Bahía Blanca ya
había periódicos, biblioteca, boticarios, escribano, barracas, saladeros,
graserías, dos bancos de crédito, aserraderos, rematadores, agencias
marítimas, dos parteras, cuatro médicos, club social y un dentista".
Era el día viernes 26 de abril de 1885. La población se reunió ansiosa
y conmovida. Esperaban el primer tren que se dibujó con su silueta
creciente, desde un horizonte sin obstáculos . Las vías paralelas,
que herían la pampa, eran caminos hacia el futuro. |

La Estación - 1900 |
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El tren llegó.
A su bordo venía el Gobernador de la provincia de Buenos Aires, el Dr.
Dardo Rocha concretando su último acto de gobierno. Eran nuevos tiempos.
Entre 1885 y 1889 llegaron al país setecientos treinta y nueve mil inmigrantes
que se localizaron junto a las estaciones que se iban erigiendo en la
zona. |
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La llegada del tren. |
Un
nuevo siglo estaba por empezar.
Bahía Blanca con cincuenta y siete años afrontaba el desafío de esos
tiempos nuevos. Tiempos de caminos, tiempos de industria y de cultivos,
tiempos en que las manos del hombre se multiplicaban, eran necesarias,
felizmente necesarias. Detengámonos en la historia y revivamos intensamente
la ilusión del trabajo y del país grande y generoso.
Hagamos una pausa. Transpolemos el tiempo del pueblo ilusionado. Si
escuchamos con atención todavía suena el primer silbato. |
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Nota:
Las fotos corresponden al libro de Dozo y Genobile.
Bibliografía: La Nueva Provincia - Periódico del 11 de abril
de 1984.
Artículo "11 de abril de 1884: Ya estaba por llegar el tren" de José
Guardiola Plubins
Rossignol de Girón Julia "Historia de la escuela Nº 2 ", Banco de
la Pcia. de Bs. As., 1983 |
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