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Llegué
teniendo conocimiento de su trabajo con el relato inédito
del Padre Lino D. Carbajal, en relación a la cautiva
o Rayhuemy (pestañas floridas). Inicié la
entrevista con la expectativa de recibir algunos materiales
que me permitieran hacer un relato propio de la vida de
una mujer que supo del cautiverio, que convivió
con los naturales de estas tierras y a quién el
destino le permitió narrar su vida, tan particular,
a la edad de ochenta años, en espaciados encuentros
con el sacerdote.
La
profesora me obsequió el libro: |
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"LA
CAUTIVA O RAYHUEMY"
Relato histórico inédito del
Padre Lino D. Carvajal
Obra anotada por
María Elene Ginobili de Tumminello
Colección
"Estudios"
Instituto Superior "Juan XXIII"
Bahía Blanca
1995
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Tapa del cuaderno del
primer borrador de la novela
"La Cautiva o Rayhuemy" |
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En
la entrevista la profesora describió algunos métodos
utilizados para comprobar la veracidad de los hechos que en la historia
se describen. Contó con textos aportados por el Archivo Salesiano
de la Patagonia Norte. Trabajó especialmente en el Archivo
del Museo Histórico Municipal de Bahía Blanca y tuvo
la colaboración de la Profesora Emma Vila, Directora del
Museo y de la Doctora Ana Luisa Dozo, a cargo del Archivo histórico.
Además, fue fundamental el aporte del Dr. Rodolfo Casamiquela
para el análisis del vocabulario indígena y la localización
de los hechos.
De ese conjunto de voluntades y esfuerzos surge esta historia:
Había una vez.....
una mujer que nació aproximadamente en 1818 y se llamó
Francisca Nieves Rosa de Valenzuela. En plena adolescencia es tomada
cautiva por los indios Pincheiras en la Villa del Parral. Durante
doce años su vida transcurrió entre los Pehuenches,
los Moluches, los Pincunches, los Manzaneros, los Ranculches, los
Borogas y otros grupos pampeanos.
Francisca aprendió de la vida en las tolderías y aprendió
también a sobrevivir en ella. Como contestar, como hablar,
como transcurrir los días ante tantas crueldades presenciadas.
Recuerda el episodio en que someten a tormento a una compañera
de cautiverio, Ausnalhil, acusada de brindar datos a quienes intentaban
liberarlas. Cuenta también de la esperanza que las sostenía
cada vez que llegaban noticias acerca del rescate de otras cautivas.
Además, de manera increíble, relata el amanecer en
la pampa, el olor del pasto fresco, humedecido por el rocío
de la mañana.
Hay
en ella una mezcla de terror en los recuerdos y de hermosa visión
de la naturaleza que aprendió a conocer y traducir.
La
liberación del grupo de cautivas, entre las que se encontraba
Francisca, se produjo en forma inmediata al episodio que culminó
con la muerte de Ausnalhil. El rescate estuvo a cargo de un grupo
de soldados e indios dirigidos por el "Ñato Sosa",
apodo del Teniente Coronel Francisco Sosa, oficial de Rosas en la
Campaña al desierto.
Los
soldados las conducen a Bahía Blanca, ciudad de la que ya
tenían noticias. Para las cautivas pensar en llegar a la
ciudad era atreverse a soñar con la vida nueva, con que todavía
existía la posibilidad de un futuro para ellas.
Las
recibe un caserío amparado por cañones donde fueron
alojadas en los salones del fortín.
Las
señoras del pueblo les brindaron ropa y jabones y comenzaron
a transformar su aspecto entre llantos y risas. Luego, fue necesario
identificarse, decir el lugar donde fueron tomadas cautivas y todos
los datos que pudieran recordar. Cuando Francisca se identificó
como una cristiana secuestrada en la Villa del Parral de Chile el
soldado no tomó en serio su relato. A partir de ahí
se encerró en llanto y en silencio y ante la ignorancia de
su verdadero nombre, el que se negó a compartir, la llamaron
Manuela. Desde ese día fue Manuela, el nombre la acompañó
el resto de su vida.
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