
La Av. Alem en 1900

La Av. Alem en 1927

Castillo en la Av. Alem
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Estoy
regresando a Bahía Blanca. Es la hora del atardecer.
Un sol intenso, todavía, penetra por las ventanillas
del lado derecho del colectivo.
La
ruta se destaca entre campos muy verdes.
Las sierras, a la izquierda, se recortan cerrando el paisaje.
Son las sierras donde hace mucho señoreaba el ranquel.
Hasta aquí llegó la campaña de Roca trayendo
el exterminio, también llegaron los espejitos de colores
que prostituyeron voluntades, también vino la cruz mestizando
la fe.
No falta demasiado, cien kilómetros, poco más
de una hora. Las sierras se despiden de la ruta que se eleva,
baja y se retuerce.
Se cruzan algunos caminos de tierra que llevan a pueblos que
no se ven.
Cuando pasamos "La Vitícola" hay una estación
de ferrocarril abandonada, dos casas y una escuela. Pueblos
sin gente. Escuelas sin chicos. ¿País? ¿Patria?
Entramos a Bahía Blanca por la avenida Alem. Es ancha
y bien iluminada. Marca el acceso por la historia y la presencia
de la ciudad.
Un
gran parque inaugurado para el Centenario de la independencia,
el edificio de la Universidad Nacional del Sur, la fuente de
Lola Mora, las casas importantes, hoy devenidas en shoping,
casas de modas, heladerías, locutorios y finalmente,
cerrando la avenida, el Teatro Municipal.
Alguna vez esta fue la "Calle de las quintas", que
se extendían por sus fondos hasta las aguas del Napostá,
cuando Bahía Blanca vivía su sueño verde,
en el marco de un proyecto de trabajo y de progreso.
Hoy, "la Calle de las quintas" es la representación
exacta de la ilusión argentina: la educación,
el arte, el buen vivir, las residencias, solamente, que el frente
de la Universidad está cruzado por las banderas blancas
que reclaman por la educación, el teatro suele ser mudo
testigo de las manifestaciones populares, la fuente sirve de
fondo a las novias y las casas debieron abrir la intimidad de
sus cuartos.
Llegué de noche a Bahía Blanca. Lentamente la
penumbra había invadido el interior del micro. Los rostros
de la gente se iban desdibujando mientras la calle de las quintas
seguía imaginando su sueño de grandeza. |