
Roberto J. Payró |
Comienza
el siglo XX, Bahía Blanca, la ciudad crece
al impulso del ferrocarril. La educación
pública extendida a varones y niñas
empieza a dibujar tímidamente un perfil
diferente. Los inmigrantes aportan su necesidad
de teatro y tertulias. Un mundo nuevo crece a
orillas de la ría, desdibujada y barrosa.
Las artes encuentran un espacio formal y tanto
podemos hablar de los artistas que viven o pasan
ocasionalmente por Bahía Blanca como de
Bahía Blanca en la obra de los artistas.
Son dos visiones distintas, la de los hombres
y mujeres que dejan su huella, o bien, un espacio
geográfico y social particular que marca
la obra de los hombres.
Iniciaremos estas observaciones con Roberto J.
Payró.
En 1889 Payró fundó en Bahía
Blanca el diario "La Tribuna" que dirigió
hasta 1891. Hoy podemos encontrar la referencia
histórica en la segunda cuadra de la calle
Chiclana, donde un cartel azul, que pocas veces
miramos, nos recuerda un espacio dedicado al periodismo
libre en un país que comenzaba a amasar
la crisis moral que se agigantaría con
el tiempo.
Hay dos obras de Payró "Las divertidas
aventuras del nieto de Juan Moreira" y "Pago
chico" que reflejan con brillantez el nacimiento
de una clase política inescrupulosa y de
una sociedad cruzada por prejuicios e injusticias.
Concentraremos nuestra atención en "Pago
chico" por ser una obra que no puede separarse
de Bahía Blanca. Nace y se desarrolla en
la ciudad que creció desde el fortín,
a orillas del Atlántico.
La fuerza vital de la geografía bahiense
aparece reiteradamente, dando un carácter
especial a la ciudad que crece y a los habitantes
que se relacionan y desarrollan marcados por esa
misma geografía.
Dice Payró
"... rachas de viento caliente como si saliera
de un horno, barrían las calles calcinadas
por el sol."
"...la calle polvorienta abrasada por un
sol de fuego, aunque ya estuviesen en el final
del mes de marzo... desierta, completa, implacablemente
desierta."
"...La plaza era... un inmenso terreno de
dos manzanas, sin un árbol, sin una planta,
sin una matita de pasto, en la que el sol derramaba
torrentes de fuego, como si quisiera convertir
en ladrillo aquella tierra plana, igual, desolada
y estéril."
No hay dudas con respecto a la profunda impresión
que causa en Payró esta ciudad de características
climáticas extremas, que aún hoy,
atemperadas por la obra del hombre, le dan identidad
propia.
Aparecen también, descripciones de personajes
que tienen que ver con un temprano reconocimiento
de la población como partido a efectos
de constituirla en una unidad electoral.
Viento y hombres, espacio e intencionalidad, lugar
y propósito. Es un cruce de la naturaleza
y el proyecto de país que comienzan a delinear,
no sólo para el Pago chico, sino también,
para la Argentina y para su pueblo.
Caído el indio soberano, arrasada su cultura,
los vencedores escriben la historia.
Payró puede verlo tempranamente.
En su obra la tierra trasunta su vigor y el hombre
sus mezquindades. |