»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
NCrónicas de Bahía Blanca
por Julia Rossignol de Giron»n
.
El Cacique Sayhueque, el último Lonco.
.

Cacique Sayhueque


Tapa del libro " Sayhueque,
el último cacique"
Desde esta columna hemos hecho referencia a aniversarios cumplidos en el año 2002, vinculados con Bahía Blanca y su historia y aunque el año haya terminado, nos queda un homenaje por cumplir: el 8 de octubre de 1903 murió en la toldería de La Piedra del Sotel, a orillas del río Genua, en Chubut, Valentín Sayhueque, el Rey de las Manzanas.

En el libro de Curruhuinca-Roux “Sayhueque, el último cacique. Señor del Neuquén y La Patagonia”, que sirve de base a este trabajo, se incluye un texto de Adán Quiroga:
.
Apartar al indio de la
historia es desdeñar nuestra
tradición y renegar de nuestro
nombre de “americanos”; y
esto es lo que hemos hecho
desde los tiempos de Colón,
primero en nombre de Dios
Nuestro Señor, después en
nombre del Rey y por último,
en nombre de la Patria
.
Siempre he creído que cada historia personal se construye cuando se logra reconocer y reunir las distintas raíces, las etnias de procedencia, en un aquí y un ahora que nos identifica. La historia del país debiera volver a escribirse para reconocer a todos sus protagonistas. Esto también es recobrar la memoria y hacerse cargo de nuestro primer genocidio.

La historia de Bahía Blanca se inicia y se define en directa relación a la llamada “Conquista del desierto”.

Las tierras de Sayhueque abarcaban cien mil kilómetros cuadrados, al sur de los ríos Negro, Colorado, Neuquén y Limay y desde la cordillera hasta el mar.
Era hijo de un cacique araucano, Chocorí y de una tehuelche. El territorio dominado por Chocorí incluía a Bahía Blanca.

Valentín Sayhueque nació, aproximadamente en 1830. Para esos tiempos Juan Manuel de Rosas (1832) ya presentaba su proyecto de lucha contra los aborígenes a la Legislatura de la provincia de Buenos Aires.
La idea de Rosas era avanzar hacia el sur del río Colorado y remontar el río Negro, es decir ingresar y dominar la Nación Mapuche.

En ese clima nace Sayhueque. Clima de libertad de una patria que empieza a crecer y de pactos genocidas de quienes no quieren la integración de los naturales de la tierra, sino sus exterminio, en nombre del avance de las fronteras y la civilización.

El primer problema para este proyecto fue Chocorí, el padre de Sayhueque.
Las tropas de Rosas superaron el Sauce Chico, cerca de Bahía Blanca y comenzaron la persecución de Chocorí, que se refugió cerca del río Colorado. Según Francisco P. Moreno, en esa huida, Chocorí llevaba en sus brazos a Valentín.

A Chocorí lo mató el Coronel Sosa, en 1833, durante esa campaña.
En su juventud Sayhueque subió y bajó por las tierras que habían sido del dominio de su padre y comenzó a afianzar su poder. Tehuelches, araucanos, manzaneros, pampas, mapuches, todos reconocían su autoridad.

Lo visitaron George Chaworth Muster, Foyel y Moreno. Le brindaron comprensión y respeto, pero a la vez llevaron al mundo del hombre blanco la visión de esa tierra de ríos, manzanas y piñones, hielos y lagos. Transmitieron la inconmensurable belleza del sur y marcaron caminos e informaron. Estos relatos despertaron el interés de comerciantes, gobernantes, terratenientes. La lucha armada contra el indio tomaba forma y sentido.

En esta historia son trascendentes figuras como la de:
–Julio A. Roca que en 1878 desestima la posesión del País Mapuche por la fuerza, pero pone distancia entre su palabra y los hechos que promueve.
–Estanislao Zeballos que estudia La Pampa y La Patagonia y aconseja ganarse la amistad y la confianza del Cacique, pero a la vez considera que se debe ser implacable con los Pampas, Puelches, Ranqueles y Salineros.
–Napoleón Uriburu que decide cruzar el Neuquén y hostiliza y persigue a los mapuches.

En 1884 el poder de Sayhueuqe se mantenía. Cuando Moreno lo visita en su segundo viaje y llega a las tolderías se asombra con los vistosos colores, los tejidos, las lanzas y hace referencia a un episodio singular: en el toldo de Sayhueque flameaba la bandera argentina, la que él le había dejado en su viaje anterior.

En la medida en que avanza el ejército y derrotan a muchos pueblos aborígenes, Sayhueque comienza a peregrinar con su gente por distintos lugares.
Finalmente, el 1de enero de 1885 se presentó en Junín de los Andes con otros caciques y ese fue el final del poder, de la posibilidad de vivir. La Patagonia majestuosa dejó de pertenecerles.

Lo condujeron a Carmen de Patagones y de ahí a Buenos Aires, previa escala en Bahía Blanca, en el vapor “Pomona”.
Lo alojaron en Retiro donde pasó a ser, junto a su gente, un objeto de observación, precisamente en las fiestas de Carnaval. Los diarios de la época se hicieron eco de los sucesos. Lo fotografiaron, lo entrevistaron y lo vistieron de compadrito.
Se entrevistó con Moreno, con el Ministro de Guerra, con el Arzobispo, con el Presidente Roca. Pedía tierras para su gente. Un lugar para vivir en paz, un lugar para la dignidad.

En un periódico aparece el siguiente texto, como parte de una nota amplia y dolorosa, al menos dolorosa para los que reconocemos el valor de cada hombre y sus derechos, dolorosa por repetida, dolorosa por su actualidad. Se refería al trato dado a las familias aborígenes que eran llevadas a Buenos Aires.

“Algunas de las familias fueron entregadas a otras de nuestra sociedad. Así debe hacerse. Porque lo que hasta hace poco se hacía era inhumano, pues se les quitaba a las madres sus hijos, para en su presencia y sin piedad, regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigían”

El 1 de abril lo embarcan para La Patagonia. Quedan en Buenos Aires, presos, los capitanes fieles, su hijo, familias.
Los llevan a Chinchinales, cerca de la actual Villa Regina. Donde estaba parte de su gente. Este es un destino transitorio, a la espera de las tierras prometidas, pero pasan así, más de diez años.

En 1896 Sayhueque y su gente se acercan a las tierras asignadas. Son las lomas de unas sierras pedregosas, en Chubut, lejos de sus ríos y sus verdes.
Cuando se establecieron en el valle de Genua, ya la vida del Cacique se apagaba. El Jefe que se reconocía a sí mismo como argentino, el que hacía flamear la bandera nacional, el que creía ser parte de un proyecto, el que estaba dispuesto a defender las fronteras. Murió sin poder ver a su pueblo reunido, fiel a su fe mapuche y como dice Curruhuinca- Roux:

“Y Sayhueque subió al Huenú. Un Huenú de pastos verdes y húmedos...”

En el verano de 2003 un verano que marcó mi propia historia, conocí en Pehuenia a Laura Catrileo, nieta del Cacique, como ella se presenta. Me habló de pueblo, me pidió que leyera el libro que he mencionado. Lo conseguí en una pequeña librería en Aluminé. Lo leí avanzando y retrocediendo, descifrando el mensaje, vibrando con la fuerza de los sentidos y las palabras, llorando.

Y hoy cuento esta historia en nombre de Laura y en el nombre de los usurpados, de los traicionados. Todos somos La Argentina, que no es un pueblo, exclusivamente descendido de los barcos. Los mapuches, los quilmes, los coyas, los matacos, están, nos miran, esperan. Para ellos el tiempo es una concepción diferente, es una cosmovisión, no tienen prisa.
m
<< ANTERIOR SIGUIENTE >>
m
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos