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NCrónicas de Bahía Blanca
por Julia Rossignol de Giron»n
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Ezequiel Martínez Estrada en Bahía Blanca. El último lugar.
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Ezequiel Martínez
Estrada
Retomamos el itinerario literario de Bahía Blanca. Nos hemos referido en esta columna a Roberto J. Payró y a Eduardo Mallea, pero es necesario completar este análisis con la persona y la obra de Ezequiel Martínez Estrada.
Había nacido en 1885, en San José de la Esquina, provincia de Santa Fe. Vivió parte de su infancia en Goyena, a poco más de cien kilómetros de Bahía Blanca.
Trabajó durante treinta y dos años en el Correo Central de Buenos Aires.
Fue un formador de su propia cultura y llegó a convertirse en uno de los más importantes pensadores argentinos del siglo XX.

Su palabra amarga, premonitoria, aguda, mostró tempranamente, a los argentinos, la apariencia de una grandeza ficticia.
Su obra emblemática es “Radiografía de la pampa”, que marca, con visión anticipada, los males del país y de latinoamérica. Es, además, una manifestación de dolor ante el golpe militar de José F. Uriburu.
Su palabra fue apasionada y vibrante. Supo de la detracción y de la indiferencia. No era fácil para la argentina de la década de los cuarenta recibir la expresión “La extensión no es grandeza, es la idea de la grandeza. No es riqueza; es la posibilidad de un crédito hipotecario. No es nada”

En 1966 se publica “Martí. El héroe y su acción revolucionaria”. El libro refleja su admiración por la revolución cubana. Para ese entonces, Martínez Estrada ya había fallecido, en Bahía Blanca, ciudad que eligió para pasar sus últimos años. Murió convencido de que su “Radiografía de la pampa” era como un ave que surcaba nuestros cielos y que sin lugar a dudas los centinelas de guardia le descargarían sus trabucos (de la reflexión que hace el propio autor en “Antología”, 1964)

La relectura de la obra de Ezequiel Martínez Estrada revela otras profundas preocupaciones y a la vez la relación ciudad-muerte.
En “La cabeza de Goliat” radiografía de Buenos Aires, dice “Nuestros cementerios son tan tristes como nuestra ciudad... Se nota que allí residen juntos la muerte y el olvido”.

Aparece reiteradamente esa sensación de no identidad, de la negativa a construir desde el pasado, de la voluntad original de cada persona y cada pueblo, que niega el hilo conductor de la historia y sus ancestros.
Dice el libro mencionado “En Buenos Aires no existe el culto de los muertos, porque no existe el culto de los antepasados. Nuestro esfuerzo se encamina a borrar todo vestigio de los progenitores, cada cual empieza su raza.

La idea de la no continuidad se reitera. Considera Martínez Estrada, como uno de los males nacionales, la falta de memoria, el descuido de los próceres, la ingratitud y el desencuentro. ¿Se adelantó con su palabra a los tiempos? Sin duda su visión latinoamericana fue más allá de su momento histórico.
Recibió premios literarios, presidió la SADE, fue periodista, profesor universitario, fue propuesto como candidato al Premio Novel, fue presidente de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre.

Podemos recordarlo de muchas maneras, todavía se pueden recoger testimonios de bahienses que estuvieron con él, en su casona de Avenida Alem... se puede recordar al hombre al escritor, al intelectual, pero yo me tomo la licencia de cerrar esta columna y evocarlo desde su poema “El mate”

De ti a mí, mano a mano,
el mate viene y va.

El mate es como un diálogo
con pausas que llenar
................................

De ti a mí, mano a mano,
el mate viene y va;
viene a mí fervoroso,
casi frío a ti va

No hay más luz que las brasas,
ni más calor, quizás.
Mi cigarrillo quema
sustancia sideral
y como se ve poco
no nos vemos llorar
m
INDICE DE: CRONICAS DE BAHIA BLANCA »
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