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NCrónicas de Bahía Blanca
por Julia Rossignol de Giron»n
.
A un siglo y medio de la creación
de la primera escuela pública en Bahía Blanca.
.

Primer edificio construido
por el Estado para
las Escuelas de Niñas
y de Varones


Edificio "Centenario"
destinado a la Escuela
Mixta nº 2, que se inugura
en homenaje a los cien años
de la fundación de Bahía Blanca
Hace ciento cincuenta años, precisamente, en febrero de 1855, comenzó a funcionar en Bahía Blanca, la primera escuela pública. Es una enunciación sencilla. En pocas palabras se puede abreviar un hecho de características singularísimas, porque lo que estamos diciendo, es que, en una pequeña aldea, conformada por pocas casas y un fuerte, comenzaba a funcionar la primera escuela pública, obviamente, destinada a varones.

Sería necesario imaginar la bahía de ese tiempo, la tierra arenosa, el viento agotador en verano, inclemente en invierno.
Las piedras que se levantaban y golpeaban.
La llanura regular, levemente alterada por algunas lomadas.
La bahía blanca, los sedimentos, el barro, la aproximación dificultosa de los barcos, el salitral... la población nacida como frontera.

La ciudad había sido fundada, hacía casi treinta años como puesto de avance y contención ante la patria aborigen. Creció al amparo de las armas y asimiló su identidad a la presencia militar.

A pocos años de su creación, en 1833, algunos vecinos comenzaron a gestionar la escuela, pero pasaron casi dos décadas hasta que el sueño se concretó. Mientras tanto, la región se mantenía empeñada en la lucha entre los araucanos de Calfucurá y los Voroanos, las intrigas del gobierno nacional y los pedidos de ayuda de la fortaleza protectora.

Eran tiempos difíciles, tiempos de pasión y de lucha. Tiempos de dos mundos tocándose, integrándose desde los vientres cautivos, tiempos de definición en cuanto a la posesión de las tierras y el poder como consecuencia.

En 1858 comenzó a funcionar la primera escuela pública destinada a las niñas y un año después se produce el malón que terminó en una pira infernal en la que ardieron los cuerpos de los vencidos.

Una ciudad que amanecía, dos escuelas en marcha y un mensaje esclarecedor para los que podían albergar dudas, todavía, en cuanto a la nación que se gestaba.

A partir de ese episodio la vida en la ciudad comienza a regularizarse. Las escuelas todavía seguirán afrontando épocas de funcionamiento y épocas de clausura, según la posibilidad de resistencia de los primeros maestros que se aventuraron en la zona.

Dice el primer censo oficial que en 1869 Bahía Blanca tenía mil cuatrocientos sesenta y dos habitantes. De los niños blancos que vivían en la ciudad el cuarenta por ciento concurría a la escuela y había once niños indios que no concurrían.

Habría que analizar profundamente estos datos, porque esta etapa fundacional sienta las bases de un proyecto de nación y de escuela.

Podemos afirmar que:
–había una fuerte convicción de la necesidad de la educación sistemática como garantía de progreso individual y social
–había fortaleza, valor, para sostener la propuesta ante la inseguridad que generaba ser un puesto de avanzada, rodeado de aborígenes que todavía se hacían fuertes en las sierras y mas allá del Colorado.
–Convicción y fortaleza para la inclusión de los niños blancos en un sistema educativo incipiente
–Exclusión para los expulsados hacia los confines de la patria, que son hoy los excluidos del sistema, desde un orden económico que no los necesita.
–La escuela no nació para todos. “Para todos” es el slogan político.

La consigna del mandato homogeneizador vibró con cada “Aurora”.
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