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NBuenos
Aires desde Salta |
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poeta decidió quedarse para siempre en campo quijano. |
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Joaquín
Gianuzzi |
El
26 de enero de 2004 el poeta Joaquín O. Gianuzzi,
murió en la ciudad de Salta.
El poeta, nacido en Buenos Aires en 1924, amó
tanto la tierra adonde vacacionaba año tras
año que quiso quedarse para siempre a descansar
definitivamente en Campo Quijano.
La hora de la siesta era calurosa ese día
de verano; el sol desafiante dibujaba en el suelo
las sombras del grupo de amigos que lo acompañó
hasta el cementerio pueblerino, para cumplir con
su deseo.
Allí, custodiada por los cerros y sus vergeles,
quizás “una planta de dalias.../ asciende
hasta engendrar/ estallidos fríos y violáceos
en lo alto.”, como dijo el poeta Joaquín
Gianuzzi.
Su último libro ¿Hay alguien ahí?,
Edic. del Dock, fue publicado a fines de 2003.¿Hay
alguien ahí para leer los versos del poeta
a quien el amor y la poesía lo mantuvieron
de pie?¿ Hay alguien ahí para escuchar
las palabras certeras y proféticas del poeta? |
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"Hay
alguien ahí" |
Fragmento
de Llamando a Rimbaud
“aquí está occidente cocinándose
en su agonía sucia, pero indemne todavía
a la espina iluminada
que le clavaste en su costado.
ayúdalos a robar el fuego, a reventar el
Super Shopping
y expulsar del planeta a sus altos funcionarios
con exactas escupidas
en la plena mentira de sus ojos.”
La rama caída
“Una ráfaga de viento ha quebrado
la rama del gladiolo bermejo.
Caída junto a la cerca de alambre
es como un brazo vencido por una brusca fatiga.
En el vasto entorno, el paisaje atiende
a su propio verdor creado por la lluvia.
Ahora la intensidad del sol
marchita el bermejo hacia un marrón reseco
y el tallo oscurece adherido a la tierra.
muy vagamente sabemos por qué sucede esto
ante nosotros
ebrios de identidad y permanencia:
unos pocos días consumarán la disolución
pero lenta es la muerte
en este final que olvidaremos.”
El Huaytiquina seguirá despertando las mañanas
de Campo Quijano, estremeciendo con su pitido la
apacible atmósfera en el Portal de los Andes
y el trino tempranero de los pájaros, mientras
el paisaje intenso vigila la última morada
del poeta. |
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Dalia
en el viento
“Erguida junto al pilar donde acuden
los borrachos y todos los perros del mundo
busca la luz que demanda su juventud.
En la alta profundidad ordenados
sus pétalos violáceos
en torno a un centro dorado que actúa como
un ojo,
oscila sobre un fino tallo articulado.
Hacia un fondo de cielo nuboso y cerros verdiazules
entona una danza circular
hasta que el viento la abandona
y desmayando su cabeza en la piedra
erige un poder imperial sobre el paisaje.
Pero no intenta inyectar su sangre a ese anciano
allí abajo derrumbado en un sillón
con hojas húmedas en torno,
obstinado en no abandonar sus huesos
que dentro de sí mismo cavan su propia tumba.” |
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