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Vista
Terrestre |
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Marcos Silber |
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la Divina Voz. |
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silber
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| Solía
cantar los días de lluvia. Sólo los días de lluvia. Y en la ciudad, ya
se sabe, la lluvia es lluvia más nostalgia, más inquietud, más zozobra
más sueño más misterio más encanto. La vecindad no se sorprendía; esperaba
la melodía como la parte con que la lluvia se completaba. Entonces todo
se alborotaba. A los hombres se les encendía el ánimo, se les hinchaban
las ternuras a las mujeres, y los pequeños perseguían las cadencias con
saltos y rondas de nunca acabar. Júbilos de calor y arrebatos de sonidos
se alzaban y provocaban en las gentes una felicidad tan extraña como
dulce, un mágico bienestar. Mucha lluvia después de la última, cuando
nada más parecía sostenerse en el recuerdo, y sólo para poner a prueba
la lealtad de la memoria, "La Divina" regresó su voz, cruzó las fronteras
de la penumbra y alcanzó el aire de la tarde. Entonces fue un temblor
de alientos y fue una inquieta ilusión y fue un destello de esperanza
el que despertó en cada cual porque "La Divina" repitió y repitió canciones
de cuando los días de lluvia. Que sólo los días de lluvia solía entonar.
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| silber |
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