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Vista Terrestre
por Marcos Silber
De la Divina Voz.

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Solía cantar los días de lluvia. Sólo los días de lluvia. Y en la ciudad, ya se sabe, la lluvia es lluvia más nostalgia, más inquietud, más zozobra más sueño más misterio más encanto. La vecindad no se sorprendía; esperaba la melodía como la parte con que la lluvia se completaba. Entonces todo se alborotaba. A los hombres se les encendía el ánimo, se les hinchaban las ternuras a las mujeres, y los pequeños perseguían las cadencias con saltos y rondas de nunca acabar. Júbilos de calor y arrebatos de sonidos se alzaban y provocaban en las gentes una felicidad tan extraña como dulce, un mágico bienestar. Mucha lluvia después de la última, cuando nada más parecía sostenerse en el recuerdo, y sólo para poner a prueba la lealtad de la memoria, "La Divina" regresó su voz, cruzó las fronteras de la penumbra y alcanzó el aire de la tarde. Entonces fue un temblor de alientos y fue una inquieta ilusión y fue un destello de esperanza el que despertó en cada cual porque "La Divina" repitió y repitió canciones de cuando los días de lluvia. Que sólo los días de lluvia solía entonar.
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2001, El Muro Cultural