| Cuando
esa mañana despertó, Salvador Baniati (Director) dijo -se
dijo- "en el tercer movimiento, después de las cuerdas, al cuarto
compás; el fagot, al cuarto compás. Se lo repetiré,
siga la batuta que lo lleva, lo guía". El charol de los zapatos,
el saco de escrupulosa plancha, el cuello de nieve de la camisa, el negro
sepulcral del lazo, todo, avisa las galas de una noche memorable. "Tercer
movimiento, el fagote, al cuarto compás". El espejo le repone
un Salvador Baniati Director de cabellera tan abundante como rebelde, y
un frunce de entrecejo tan severo como dominador. Iza los brazos, iza la
batuta que señala travesías que serán de encanto y
seducción. La energía, probada y aprobada; el afán,
intacto. Infatigable la caminata alrededor de la mesa; como la porfía
de su boca sin palabras de oir: "al cuarto compás". Y es
un vértigo de tiempos y espejismos enlazados los que se suceden;
al cabo del cual, es su noche. Y ya ingresa al escenario de luces a giorno,
y ya cruza la escena y ya alcanza el podio y está ya sobre el fagote
con mirada de advertir: "después de las cuerdas, al cuarto compás".
Arranca la masa orquestal como un nacimiento de todo, un amanecer del sonido,
un embriagante despertar. -Soberanas, las manos dividen el aire, y en el
aire, se ponen graves y agudos como ecos de perlas soltadas de las manos
de Dios. Es el embeleso y la exaltación en todos, y en el pecho de
Salvador Baniati (Director), un temblor, como un miedo feliz. Hasta que
irrumpe la Mary, con el vigor y el arrollo de sólo la Mary, que no
dice, grita: "Otra vez, Salvador, otra vez?. Ya mismo te bajás
de esa silla; ya mismo te sacás ese disfraz; ridículo -grita-
y grita: sacá el disco por favor, se oye desde la calle; qué
estás buscando, otra denuncia de los vecinos?, que te vuelva a internar?
Por favor, Salvador, por favor. Y grita: el palo, dame el palo. -No, responde
no, la cabeza de péndulo de Salvador, y no, la palabra de su boca.
La batuta, no; la batuta no... |