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El cuadro bien
podría integrar la serie de Goya: "Los crímenes de la
guerra. Porque si no es posible registrar una guerra en términos
clásicos, sí, las consecuencias criminales del efecto social
de la economía globalizadora. ¿Hay niveles de miseria? porque
esta es calamitosa, degradante, vil, agresiva. La galería de pequeños
mendigos, en edades donde sienten su situación aún como un
juego. Jóvenes desarropados, injuriados, excluidos en el esplendor
de su desarrollo; mujeres demolidas por un ejercicio prostibulario tan
abyecto como impiadoso. Uno, gateando como bestia, arrastrando dos piernas
muertas y unos ojos ya sin luz. Espantosa la escena general. De horror
más lacerante aún porque no está iluminada ni se deja
oír por el resto del mundo y los medios serviles profesionales del
enmascaramiento y la tergiversación. Aquí, la síntesis
más acabada de la miseria se reúne para expresar la infamia
más rotunda, la que ofende la condición humana, humilla la
conciencia y avergüenza el corazón. Y del modo más perverso.
Porque es el escenario de "Constitución", nombre que debería
honrar la Carta Magna, la misma que enumera con rotunda claridad los derechos
humanos; derechos aquí profanados por una realidad tan inmoral como
repugnante.
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