
Alberto Olmedo
en el papel de
sus dos personajes
más famosos:
el Capitán Piluso
y Rucucu. |
Transitando
la cibérpolis neuronal de los recuerdos,
destapo del fraude y de la depresión masificados,
el paradigma del ser argentino.
El negro supo incorporar persona y personajes nutridos
de aquella verdulería que le diera su primer
trabajo, en el barrio de Pichincha de su Rosario
natal, y de esos pasajes de vida, junto a su madre
Matilde, que a veces suelen enriquecer la pobreza.
Su personaje nos permitió aceptarlo como
el capitán del candor y la inocente travesura.
El inepto conductor de un país bananero,
carente de principios justos, de valentía,
pero experto en aviesos despojos, huyendo con su
cándida amante cuando se las ve fuleras.
El laburante incesante que es aprovechado por su
tiránico jefe y acosado por la mujer de éste.
El chanta manosanta que utiliza dudosos dones para
hacer valer su oportunismo y dar rienda suelta a
su libido exacerbada. El que se hace pasar por entendido
en temas que desconoce, pero que nunca calla ni
acepta su ignorancia. El empleado cornudo que, ante
la evidencia, trata de comprenderlo todo. El potencial
paganini para conseguir sexo. El rana, casado o
soltero, que pretende concretar, según él,
sus conquistas seguras. El improvisado rucucu que
transformó su pasada trascendencia en indiscutido
éxito.
Su personalidad reafirmó nuestra idiosincrasia.
El carácter taciturno; el temperamento hosco;
la lealtad con sus amigos; el volcarse en mujeres,
a modo de pasatiempo, cuando el dolor lo consumía.
Las separaciones con Judith Jaroslavsky y Tita Russ
que no siempre lo respaldaron. La traición
amorosa que le infirió su mejor amigo. El
reencuentro con su amor definitivo, en una noche
dónde su acrobática libertad le puso
aceite a sus ruedas de automóvil cansado
y feliz, impidiéndole arrullar al último
hijo que no vio nacer.
Un 18 de diciembre de 1987, Alberto Olmedo presentaba
la obra “El negro no puede” en el teatro
Neptuno de Mar del Plata. Durante el verano la obra
bate el record histórico de asistencia de
público a la sala, con 119.877 espectadores.
Gana el premio Estrella del Mar de esa temporada.
Un año después sus alas no consiguieron
alcanzar el motivo de sus callados sueños.
Solamente me queda una pregunta para hacer: ¿Quién
alguna vez no fue el negro Olmedo? |