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Ella
(Alfonsina Storni) |
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Recuerdo que todos rezamos por ella,
al tiempo que su voz nos colmaba de poemas, consignas
y corcheas repletas de rebeldes pentagramas.
También recuerdo haber conversado con los
sabios,
pidiendo explicaciones que tradujeran el sentido
de la ausencia.
Y tu voz me contestó argumentando los pasajes
de un tiempo de trascendencia,
mientras un cirio se iba apagando lentamente
hasta el pabilo ennegrecido de la nostalgia quieta.
Si las coincidencias convergen en un caudal de aguas
espejadas
y las almas se reúnen en luces abisales,
seguramente la fusión de todos estos seres
olvidados o evocados,
conformará la espiral que llevará,
hacia su centro, el preludio del amor eterno.
Tal vez, ese compendio de espíritus entrelazados
permita que en este mundo lluevan nuevas gotas de
esperanza,
restaurando las lívidas sombras de entes
sin imágenes.
Quizá, el misterio que no alcanza a interpretarse,
no sea más que una página íntima.
Tan íntima como la angustia que se calla. |
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Carta
de un pura sangre a su ídolo
(dedicado a Carlos Gardel) |
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Debo
ponerme el filete que se remuerde en tu canto
y que logra del sabor esta lágrima surgente
en comisura de asombro, dónde sustancia su
voz
la legendaria vertiente de un sediento cimarrón.
Debiera ser diapasón que me traduzca tu mito,
diáspora de bandoneón y colmado de
guitarra
celuloide en Hollywood y en Barcelona, acetato
un Medellín de hasta pronto y Silbando en
el Abasto.
Debo ser el que vibró encima e’ tu
chambergo,
desengaño en Cuesta Abajo y en el Volver,
tu lamento
tango en Broadway con tu estampa, un Bar teñido
de cielo
silente Piel de Durazno y un Alma que Canta en vuelo.
Debiera ser Melodía de triunfo pa’
tu Arrabal
y en Luces de Buenos Aires, convocarte a mi Palermo
galopar por Jean Jaurés y en el siete treinta
y cinco
decirle a Berta, tu vieja: “Soy Lunático,
tu pingo”. |
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