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NLa Ciudad y El Muro
por Arq. Donaldo Zoilo »n
.
Borges: arquitectura y ciudades
.

Palacio Pereda, sede de
la Embajada de Brasil


Palacio Ortiz Basualdo, sede
de la Embajada de Francia


Palacio Ortiz Basualdo
durante su construcción


Plazoleta Carlos Pellegrini
Las opiniones de Borges sobre las ciudades y obras arquitectónicas que conoció en su primer viaje a Europa fluctúan entre indiferencias, contradicciones y algunos entusiasmos. Los Borges regresan a Buenos Aires en l921, de donde habían partido en l914. En esa oportunidad conocen París, residen cuatro años en Ginebra y luego van a Italia, recorriendo ciudades del norte, entre ellas Venecia. Pasan a España, visitando Barcelona, Madrid, Sevilla, Córdoba y Granada, y se instalan un año en Palma de Mallorca.

De este dilatado viaje pocas impresiones sobre países, ciudades, monumentos u obras de arquitectura nos ha dejado Borges. Años después se refiere a algunas de las ciudades que visitó, entre ellas Paris sobre la que expresa: “Conocí a París en 1914. Ni entonces ni después me ha gustado mucho como le ocurre a cualquier buen argentino” (1) y sobre las ciudades españolas, en conversaciones con Antonio Carrizo, nos dice “Me gustaron tanto Córdoba, Sevilla, Granada [...]” y cuenta además “Madrid me resultó una pequeña ciudad provinciana, una miseria [...] Quiero decir que no se siente que es una gran ciudad” (2) y refiriéndose a Barcelona en carta a un amigo le escribe: “[...] desde la ciudad rectangular e inmunda [...]” y agrega: “A mí me gustaría ser andaluz, lo que no aceptaría es ser catalán [...]” (3) en ambos juicios surge su desagrado total por Cataluña y su capital, y sorprende la omisión de referencias al Barrio Gótico o a la obra de Gaudí y, por otra parte, la forma rectangular a que alude está muy lejos de ser predominante en las manzanas de Barcelona. También llama la atención la carencia de alusiones a otras magníficas obras arquitectónicas que debió haber conocido como la Mezquita, el Alcázar, la Alhambra, y que por otra parte pertenecen a una cultura como la islámica que tantas veces llega a citar en sus cuentos y ensayos.

En su obra posterior, ya sea en sus poemas o escritos, muy pocas veces hizo alguna referencia a obras de arquitectura que haya conocido durante su permanencia en Europa salvo la breve cita que aparece en su libro: “El otro, él mismo” (1961) en el poema “ España” donde dice:

España de los patios
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios


Y de inmediato, en el mismo poema, pasa a tratar otros temas ajenos totalmente a la arquitectura como el coraje, el pasado, el olvido.

En cambio sobre Suiza y sus ciudades, años después, nos habla con entusiasmo: “Yo he vivido cinco años en Suiza, yo no recuerdo dos ciudades iguales y no recuerdo dos esquinas iguales, tampoco. Cada esquina es individual. Son muy personales los suizos. Yo soy muy ginebrino. Cuando volví a Suiza lloré. Me dio tal agrado volver a Ginebra [...] Allí todas las esquinas de las ciudades son distintas. Cada esquina es diferente. Lo mismo ocurre con otras ciudades europeas. En cambio aquí [...] en la Argentina las ciudades se parecen entre sí, en general [...]Con los mismos nombres, los mismos bancos, los mismos monumentos”. (4) En su admiración por Ginebra agrega, algo muy bello: “Ginebra casi no sabe que es Ginebra [...] se ha renovado sin perder sus ayeres”.(5)

De regreso el joven Borges queda atrapado y cautivado por la ciudad, y este sentimiento nos llega en su libro de poemas “Fervor de Buenos Aires”, en el
que la ciudad surge como fuente inagotable de imágenes y sentimientos, como queda expresado en estos versos:

En esta ciudad que yo creí mi pasado
es mi porvenir, mi presente
los años que he vivido en Europa son ilusorios
yo estaba ( y estaré) en Buenos Aires.
(6)

En “Otras inquisiciones” describe, para siempre, el Buenos Aires que lo atrapa: “La calle era de casas bajas y aunque su primera significación fuera de pobreza, la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo más lindo. Ninguna casa se animaba a la calle, la higuera oscurecía sobre la ochava, los portoncitos –más altos que la línea estiradas de las paredes– parecían obrados en la misma sustancia infinita de la noche”. (7)

Esta descripción coincide con la del Arquitecto Raúl Prebisch quien afirma: “Hay en la Argentina, y principalmente en los suburbios de Buenos Aires, una modesta arquitectura doméstica, porteña como el tango, es la de casas construidas generalmente por simples albañiles, de una sola planta, pintadas a la cal, con un cerco alto, empenachado de retamas, madreselvas y jazmines. El cerco está horadado por una pequeña y graciosa puerta que abre sobre un patio con parras y limoneros –el living romo criollo– y galerías sostenidas por delgadas columnitas de hierro, enrejadas de madera pintada de verde para asegurar la privacidad de los cuartos de enfilada“. (8)

Con los años Borges emblematiza los barrios del Sur (Monserrat, San Telmo, Constitución, Barracas) como paradigma humano “[...] el Sur es la sustancia original de que está hecho Buenos Aires.” (9) pensamiento que refuerza en “Todo Borges” al afirmar: “Cuando uno pisa el Sur siente que entra en un territorio más seguro, casi definitivo por que el Sur no es un lugar, es un destino”.(10)

Es decir, Borges al regreso de Europa descubre un Buenos Aires propio que nos lega, para siempre, a todos sus lectores. Un Buenos Aires modesto pero trascendente, opaco y luminoso a la vez, silencioso pero lleno de voces.
En viajes posteriores conoce otros países y ciudades de los que guarda gratos recuerdos y de lo cuales como nos cuenta: “Tengo muchos recuerdos agradables de Estados Unidos, especialmente de Texas y Nueva Inglaterra. En Cambridge, Massachussets pasé horas de despreocupada conversación [...]” (11)

A Sábato le confiesa: “Mientras viví en Estados Unidos, seis meses en Texas, sabía que en la misma casa en que yo vivía, cada una de ellas tenía características que la diferenciaban entre sí. En cambio aquí se hacen departamentos todos iguales porque los arquitectos adolecen de monotonías”.
Sábato le contesta: “Ud. me dice que en Estados Unidos encontró una casa muy peculiar. Pero ha de ser un atrasado rincón, pues es precisamente el país de la masificación ”. (12)

Los nombres de las ciudades norteamericanas y argentinas derivados de palabras indígenas le suscita la siguiente reflexión: “[...] ¿yo redacté esto en Oklahoma? Es que me gustó la palabra Oklahoma. Esos lindos nombres indígenas que hay en Estados Unidos. Oklahoma es muy lindo. Wyoming [...] Iowa [...] Iowa es muy lindo. Sí los nombres indígenas son muy lindos en Estados Unidos. Delaware sí y creo que [...] Arizona también. No tiene nada que ver con “árido y zona”. Texas también
[...] Los indios texas no tienen nada que ver con la palabra española [...] Chascomús es feo, Chivilcoy feo [...] No sé si son lindos Gualeguay, Gualeguaychú. Wiscosin, Wyoming son lindos nombres. Uruguay dicen que quiere decir río de los pájaros pero como sonido, Uruguay no es lindo. Tucumán es menos feo que otros. No son palabras como Iowa, Wiscpsin, Wyming [...] Pergamino es muy lindo. Me parece que han tenido más suerte los americanos del Norte, que nosotros con sus indios”.(2)

Consultado sobre qué ciudades reconoce como suyas confiesa: “Muchas, Buenos Aires, Montevideo, Ginebra, por ejemplo Austin en Texas [...] también Nueva York, Londres, Edimburgo [...]” (4) De la Europa de su primer viaje solo recupera Ginebra “[...] una de mis patrias” según Borges. Y agrega: “yo escandalicé a alguna gente diciendo que Ginebra me parecía mucho mejor que París. Lo que pasa es que yo quiero más a Ginebra que a París”.(2) Hoy en retribución de ese amor sus restos descansan en Ginebra al lado de los de Juan Calvino.

El amor de Borges con Buenos Aires tiene mucho de paradojal; y él nos aclara esa situación: “Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así celoso. Cuando yo estaba en otro país, por ejemplo en los Estados Unidos y alguien me dijo de visitar América del Sud, le he incitado a conocer Colombia, por ejemplo o le recomiendo Montevideo. Buenos Aires, no. ”Es una ciudad demasiado gris, demasiado grande, triste –les digo– por eso lo hago me parece que otros no tienen derecho a que les guste”.(13)

Aparecen algunas acertadas reflexiones relacionadas con la arquitectura como cuando dice: “Con o sin justificación Buenos Aires atenuó lo español y tendió a lo italiano, italianos fueron los rasgos diferenciales de su arquitectura: la balaustrada, la azotea, las columnas, el arco. Italianos fueron los jarrones de mampostería que había en la entrada de las quintas [...]” Y vaticina: “Sé que alguna vez Buenos Aires dará con otro estilo y que esas formas venideras preexisten, secretas para mis ojos, claras para el futuro”.(9)

Sobre arquitectura moderna aparecen algunas veladas referencias en Crónicas (1967) de Bustos Domecq, (seudónimo de Borges y Bioy Casares) cuya dedicatoria dice caprichosamente: “A tres grandes olvidados Picasso, Joyce, Le Corbusier"

En el capítulo denominado “Eclosiona un arte” se lee: “[...] increíblemente la frase arquitectura funcional, que la gente del oficio no emite sin una sonrisa piadosa, sigue embelesando al gran público. En la esperanza de aclarar el concepto, trazamos a grandes rasgos un apretado panorama de las corrientes arquitectónicas hoy en boga”. Lo que sigue es una serie de consideraciones de discutible humor, incluyendo una referencia a una pretendida e inexistente “Arquitectura no habitable”.(14)

Es posible rastrear en la obra de Borges otras opiniones positivas sobre la arquitectura, como en el prólogo de “Buenos Aires en tinta china” donde afirma: “La arquitectura es un lenguaje, una ética, un estilo vital, en la del Barrio Sur –y no en las casas de tejado, en las azoteas– nos sentimos confesos los argentinos”. (9)

En algunas oportunidades aparecen desvalorizaciones como cuando dice:
”Buenos Aires es fea. Con el obelisco y los maceteros de la calle Florida han terminado de afearla” Luego se corrige en parte y agrega: “Pero es preferible soportar su fealdad que sufrir su nostalgia de lejos”. (1)

No faltan tampoco desacertados juicios sobre estilos arquitectónicos que han dejado su aporte valioso a la imagen de la ciudad, como cuando dice en Evaristo Carriego: “Palermo se apuraba hacia la sonsera: la siniestra edificación ‘art nouveau’ brotaba como una hinchada flor en los barriales” o como cuando refiriéndose al “art decó” reniega de “los reticentes cajoncitos de Virasoro, que para no delatar el íntimo mal gusto, se esconde en la pelada abstención”. (15)

Es interesante comprobar como similares obras arquitectónicas le producen opuestas impresiones según las ciudades en que se hallan ubicadas, en “Poema de los dones” entre las gracias recibidas enumera:

Por las torres de San Francisco y de la isla de Maniatan.(16)

Consultado por Carrizo por este verso afirma: “Yo tengo esa impresión de Nueva York. Sentí que las torres subían como surtidores, en el aire”.(2) Con referencia a un edificio similar, ubicado en nuestro país, comparable a los anteriores, y muchas veces con ventaja, opina Borges: “El hecho de extasiarse ante el rascacielo Cavanagh es cosa de locos”.(13)

En un reportaje publicado en la revista Gente nuevamente refiriéndose a la ciudad expresa: “A mí siempre me pareció raro que la gente pensara que Buenos Aires es esa plaza donde esta la estatua a Pellegrini, o que Buenos Aires es la Avenida Alvear. Es una manera de calumniar a Buenos Aires, ¿no? O el Teatro Colón, que alguien pensara que el teatro Colón es Buenos Aires”. (l7)

Aquí le niega todo valor arquitectónico, no sólo al Teatro Colón, sino a todo el sector de la Plaza Carlos Pellegrini donde se encuentran obras de relevante valor arquitectónico como el Palacio Ortiz Basualdo, actual Embajada de Francia, obra del Arquitecto Juan Pater, el Palacio Pereda, hoy Embajada de Brasil, obra del Arquitecto Julio Dormal, Palacio Atucha obra del Arquitecto René Sargent, el edificio Jockey Club obra del Arquitecto Juan A. Buschiazzo. Este sector que en cualquier ciudad del mundo sería motivo de justificada admiración, lo considera, inexplicablemente, “una manera de calumniar” a Buenos Aires.

Llegamos así a la conclusión que el único sector que le atraía a Borges era el suburbio, pero este tampoco es aceptado en todas sus manifestaciones, como quedó expresado en la anécdota tantas veces contada de la oportunidad en que concurrió con Carlos Mastronardi a un cine donde actuaba Carlos Gardel. Primero vieron “un film de Joseph von Stenberg era ‘La Batida’ (The dragnet) o ‘La ley del Hampa’ (Underwodl). Teníamos una impresión épica. Habíamos sido espectadores de esa valentía [...] balazos, todo ese mundo de malevos norteamericanos. Después iba a cantar Gardel y nosotros pensamos [...] Después de ver esto, estar oyendo a ese maricón. Y nos fuimos y no lo vimos. Yo no tuve ocasión de oírlo nunca, salvo después en discos”. (2)

Es decir que Borges le encontraba mayores valores estéticos al suburbio de las ciudades norteamericanas que algunas expresiones del suburbio de Buenos Aires, con el que no quería tener ninguna oportunidad de contacto.

Del suburbio geográfico con sus límites abordables y precisos Borges pasa en sus cuentos a un espacio ilimitado totalmente imaginario e irreal, que en algunos adopta la forma de un laberinto, espacio que le atrae y que aparece sobre todo en sus cuentos de la década del cuarenta.

El laberinto aparece en “Tlön, Uqbar, Orbis Testius”, “La biblioteca de Babel”, “El inmortal”, “La casa del Asterión”, “Abenjacan el Bojarí muerto en su laberinto”, “Los dos reyes y los dos laberintos”, “La parábola del palacio” o en algún ensayo como “La esfera de Pascal”. El laberinto le atrae a Borges por sus características paradojales: un edificio construido sin posibilidad de encontrar una salida, la sorpresa de ir de un lugar a otro que resulta igual al anterior, la carencia de centro y de límites. A este juego inagotable de espacios físicos se suma otro laberinto sin lugar determinado que Borges califica como “sucesivo, temporal no espacial“ que aparece en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” incluído en “El jardín de los senderos que se bifurcan”. (18)

El espacio geométrico puro también figura en sus narraciones con eficacia similar a la del laberinto como en la “Escritura del Dios”.(19) Allí la cárcel “es un hemisferio casi perfecto, si bien el piso es algo menor que el círculo máximo, hecho que agrava los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero corta, éste aunque altísimo no toca la parte superior de la bóveda, de un lado estoy yo [...] a ras del suelo una larga ventana con barrotes corta el muro central”. En este espacio desprovisto de todo aditamento arquitectónico se desarrolla, en un tiempo infinito, el cuento. El espacio laberíntico o geométrico cuando aparece es totalmente impersonal, carente de todo detalle que lo humanice o lo haga vivible y en todos los dos casos produce similares sensaciones de angustia y perplejidad.

Uno de los cuentos donde el espacio es descripto con mayor minuciosidad es “La Biblioteca de Babel” (18). La biblioteca está constituida, dice el autor, por galerías hexagonales en número infinito, servida por pozos de ventilación, un angosto zaguán a cuya izquierda y derecha hay dos pequeños gabinetes uno para dormir de pie y otro para satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa una escalera en espiral.

Todo intento de tratar de graficar esta distribución detallada en el cuento cae en la imposibilidad de concretarla, ya sea siguiendo cualquiera de las dos variantes en que se publicó. Esta imposibilidad no la podemos considerar como un error del autor sino que la debemos considerar como un enriquecimiento más de las muchas características que le atribuye Borges, en ese texto, a la biblioteca como ser: “inaccesible”, “enigmática”, “infatigable”, “caótica”, “insensata”, “ilimitada”, “incontable”, “inútil”, “incorruptible”.

En un intento de síntesis es posible conjeturar que el amor de Borges por Buenos Aires se puede calificar de fragmentario: le atraía y le sedujo un lugar preciso y definido: el barrio Sur, al resto de la ciudad lo desconoce o lo desdeña “El Sur es la forma universal o idea platónica de Buenos Aires” nos dice (9). Y es ese fragmento de la ciudad el que le despierta lo más perdurable y valioso de su poesía.

Así como fragmenta el espacio también fragmenta el tiempo, sólo un período de la ciudad le atrae “el Buenos Aires de mi niñez y anterior a mi niñez, o lo que perdura de él” (13), confiesa en muchas oportunidades. Esta actitud lo lleva a desdeñar, como queda expresado en sus escritos, toda tendencia posterior a esa época, como el neoclasicismo, el “art nouveau”, el “art decó” o la arquitectura contemporánea. Esta indiferencia es coincidente con otras que tuvo con distintas expresiones artísticas. Aquí recordemos la opinión de alguien que lo trató profundamente: Estela Canto, quien afirma: “Borges era un hombre que no tenía sentido pictórico ni musical” (20) y nosotros podemos agregar sin temor de incurrir en un error ni en una injusta desvalorización, y que Borges seguramente compartiría, que él no tenía sentido ni gusto por lo arquitectónico.


NOTAS
1 - Diccionario Privado de Jorge L. Borges, Blas Matamoro, Altalena Ed. S.A. 1979.
2 - Borges, el memorioso, Conversaciones con Antonio Carrizo, Fondo de Cultura Económica,1982.
3 - Carta de Borges (en poder de Abel Posse).
4 - La Estrella de Panamá, ejemplar 2, setiembre de l980. Entrevista con Vera Jarach.
5 - Obras Completa de Borges, Atlas, Tomo III, l984.
6 - Fervor de Buenos Aires (l923), Obras Completas de Borges, Tomo I, Edit. Emecé, 1974.
7 - Otras Inquisiciones, Jorge L. Borges, Sur S.R.L., l952
8 - Prebisch y el racionalismo posible de Arq. Juan Molina y Vedia de “Prebish, una vanguardia con tradición” Cedodal.
9 - Buenos Aires en tinta china, Atilio Rossi, prólogo de Jorge L. Borges, Edit. Losada, 1951.
10 - Todo Borges, Ed. Atlántica, Prod. Revista Gente, 1977.
11 - Richard Burgin, Conversaciones con Jorge L. Borges, Taurus Edic. S.A., l969.
12 - Diálogos: Borges - Sábato, Edit. Emecé, l976.
13 - Borges: Sus días y su tiempo, Javier Vergara Editor, 1984.
14 - Crónicas de Bustos Domecq, Jorge L. Borges - Adolfo Bioy Casares (l967), Obras Completas de Borges, Tomo III, l984.
15 - Evaristo Carriego (l930), Obras Completas de Borges, Tomo I, Edit. Emecé, 1974.
16 - El hacedor (l960), Obras Completas de Borges, Tomo I, Edit. Emecé, 1974.
17 - Toda mi vida y toda mi obra, Jorge L. Borges por Emilio Jiménez Apiola, Revista Gente
18 - El jardín de los senderos que se bifurcan(1941), Obras Completas de Borges, Tomo I, Edit. Emecé, 1974.
19 - El ALER (l949), Obras Completas de Borges, Tomo I, Edit. Emecé, 1974.
20 - Borges a contraluz, Estela Canto, Ed. Austral.
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