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| Dos
lugares, dos épocas, dos estilos. |
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Detalle del Piazzola Tango
Detalle del Piazzola Tango

Detalle del Piazzola Tango

Bar El Chino, en Nueva Pompeya |
Últimamente
dos lugares especiales de Buenos Aires han despertado
interés, cada uno de ellos con sus particularidades
y estilos propios y sin embargo, en un análisis
más profundo, dirigidos ambos a un público
similar.
Estos sitios son el “Bar El Chino” de
Nueva Pompeya y los locales del “Piazzola
Tango” de la Galería Güemes, que
representan dos épocas de la ciudad y están
dirigidos a públicos de nivel social diametralmente
distintos.
El Bar El Chino aparece en l944, en un barrio de
clase media baja, fundado por Jorge “El Chino”
Garcés quien además de atender la
parrilla mientras servía las mesas cantaba
tangos acompañado por guitarristas. El local
no tuvo nunca una apariencia prolija, las mesas
eran alargadas para varios comensales y cubiertas
con manteles de papel. Afiches y fotografías
aparecían sin ningún orden en las
paredes.
En ese lugar la vecindad y la simpleza hacía
que floreciera entre los comensales un ambiente
de amistad que se prolongaba por años.
El “Chino” muere en agosto de 2001,
pero el carácter de auténtico reducto
se mantiene, con los mismos personajes que habitualmente
concurrían buscando la camaradería
barrial.
Los espacios del “Piazzola Tango” se
hallan en la Galería General Güemes
que comunica Florida con San Martín, fue
construida entre 1912 y 1915 e inaugurada con la
presencia del Presidente Victorino de la Plaza en
este último año. Es obra del arquitecto
italiano Francisco T. Gianotti; el mismo que construyó
la confitería El Molino.
Esta Galería es un logrado ejemplo de “art
nouveau”, únicamente comparable a otras
muestras del mismo estilo de Viena o París,
y constituyó, en su época, el edificio
de mayor envergadura de la capital en momentos que
esta ciudad constituía el centro de concentración
y redistribución de la economía propia
del modelo agroexportador.
Su traza original la constituía una bóveda
de cañón corrido, profusamente decorada,
que cubría el pasaje peatonal que une Florida
y San Martín, hoy lamentablemente, una tercera
parte de ese cañón se halla obstruido
por un entrepiso que desvirtúa la idea original.
Esta galería ha sido escenario de varias
películas entre ellas “La aventurera
del Pasaje Güemes” (muda), “Se
llamaba Carlos Gardel” de León Klimovsky
y “Gatica” de Leonardo Favio entre otras.
En literatura hay varias referencias a ella: en
el cuento de Julio Cortázar “El otro
cielo” le sirve el pasaje para hacer referencias
a la Galería Viviente de París. Roberto
Arlt en l928 en “Aguafuertes Porteñas”
se refiere a él con palabras que lo desvalorizan
en todo sentido, cuando afirma: “Yo concibo
mejor el pasaje Güemes llamándose pasaje
Apostolatos.
Estaría más a tono del rastacuerismo
de sus vitrinas. Con el terror de la luz eléctrica
que desde la mañana a la noche inunda por
in eternum sus criptas, sus cajas fuertes y quioscos
de vidrio... Y con ese maremagnum de gente bien
vestida y misteriosa que de la mañana a la
noche se pasea por allí, y que no se sabe
si son gentiles rateros, pesquisas, empresarios
de teatro o qué sé yo.
Se respira allí una atmósfera neoyorquina;
es la Babel de Yanquilandia transplantada a la tierra
criolla e imponiendo el prestigio de sus bares automáticos...
de los letreros de siete colores y de las ‘girls’
dirigiéndose a los teatros con números
de variedades que ocupan los sótanos y las
alturas”.
Hoy el antiguo salón de espectáculo
y el restaurante, unidos por un refinado foyer,
han sido recuperados a nuevo mediante un respetuoso
trabajo de reciclado, lográndose como resultado
una arquitectura de impactante sugestión.
En el hall de planta baja del ingreso aparece una
ampliación de la emblemática fotografía
de Carlos Gardel y el niño Astor Piazzola
tomada en Nueva York, enriquecedor testimonio del
encuentro de dos de las figuras máximas del
tango y que por esas raras coincidencias de la vida
llegaron a conocerse.
El “Piazzola Tango” en los tres locales
que lo conforman está destinado a distintas
manifestaciones de esa música: espectáculo,
academia del baile, museo y auditorio.
Un llamativo programa en colores, escrito en castellano
e inglés, evidencia a qué público
esta dirigido: los turistas.
El Bar El Chino que ha ampliado su campo de atención
a través del film del mismo nombre, mantiene
su apariencia precaria, con un frente que muestra
revoques desprendidos, pinturas descascaradas y
puertas cuyos vidrios han sido reemplazados por
chapas oxidadas.
El interior es similar al exterior, lográndose
una atmósfera atrayente y sugestiva por su
aspecto un tanto de abandono y estudiada desprolijidad
que en su totalidad adquiere un carácter
grato y amigable.
Como el caso del Piazzola Tango, un programa muy
bien diseñado, en colores y con texto en
castellano e inglés, nuevamente nos indica
a quienes principalmente va dirigido. Y en ese ambiente
con su simplísimo mobiliario original y con
sus largas mesas, los concurrentes escuchan con
religiosidad el tango.
Es decir dos lugares que representan dos épocas
de Buenos Aires, originalmente dirigidos a niveles
sociales extremos, por rara coincidencia vuelven
a tomar vigencia: uno por su esplendorosa arquitectura,
el otro por su aspecto marginal, ambos dirigidos
principalmente a turistas convocados en torno a
la creación artística más original
y perdurable que ha producido esta ciudad: el Tango. |
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DE: LA CIUDAD Y EL MURO » |
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