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Impresiones
de mi visita al Faena Hotel + Universe,
así
se llama, la obra de Alan Faena, como emprendedor y
Philippe Starck como arquitecto.
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Los dos nombres deben
ir unidos porque ambos intervinieron decisivamente
en el proyecto y creación de la obra.
Se trata de un molino –silo en 1902–
construido con ladrillos de Manchester y estructura
metálica. Sólo una voluntad muy fuerte
pudo inducir a Faena a ponerlo en valor para su
nuevo uso como hotel.
El resultado es una obra impactante, sólo
comparable a otras que se pueden hallar en ciudades
como New York, Hong-Kong o Miami. Y esta la tenemos
aquí nomás en Juana Manso y María
Salotti, en Puerto Madero.
Entrando al edificio, sorprende la falta de la habitual
recepción que precede a todos los usos de
un hotel. En este caso, un larguísimo corredor,
llamado Catedral, comunica a ambos lados con varios
espacios, entre ellos, distintos restaurantes, otro
llamado Living, el hall de circulaciones verticales,
y nuevamente sorprende la carencia de un espacio
común a todos hoteles: la Conserjería.
La cual se reemplaza –según me informan–
con la “atención personalizada”
a cada huésped, que es lo que priorizaban
los autores.
El restaurante llamado “El Mercado”
aúna mesas rústicas con sillas estilo
francés, tapizadas con cuero rojo.
La decoración se nutre de fotos de ídolos
populares y estatuitas de artesanos. Esta combinación
da un resultado de dudosa aceptación.
En otro restaurante, ya de lujo, predomina el color
blanco en manteles cortinados, sillas, sillones
y cielo raso, salvo el piso que se halla cubierto
parcialmente con alfombras rojas. En este local
surgen, de las paredes, abundantes cabezas de unicornios
totalmente blancos. El estilo del mobiliario es
Imperio, pero carece de la vivacidad propia de este
estilo dada por el uso de colores fuertes como el
amarillo, cromo, verde botella, y la estructura
de madera en ébano y caoba, que en este caso,
son sustituidos por el, en su totalidad, color blanco.
Coincide en el uso de aplicaciones de color bronce
y dorado. Este restaurante, en una opinión
personal, no está plenamente logrado con
el carácter que le quiso dar.
Este hotel es un edificio de más de 23 mil
metros cuadrados. Es imposible captarlo en su totalidad
y, lo que sería valioso, detenerse en los
múltiples detalles llenos de sorpresas creativas,
proyectados por Starck con una sola visita.
No obstante, visité una habitación
para huéspedes, en la cual la cama, también
estilo Imperio, no se halla apoyada a ninguna pared,
sino que aparece suelta en medio de la habitación.
De esta forma, el ocupante puede rodearla –con
mucho espacio– por los cuatro costados.
Párrafo aparte merecen los baños con
distribución llamativa de artefactos y con
materiales muy lujosos. Revestidos en su totalidad
por magníficos mármoles y con grifería
plateada en forma de cabeza y pico de cisne. Para
el baño de inmersión tiene una bañadera
con patos color plateado, y la ducha en un amplio
espacio revestido de mármol y grifería
como el resto del local.
Es de reconocer que, en el diseño de baños,
este alcanza sus más llamativas y sorprendentes
soluciones.
No se puede olvidar otro hecho, el arquitecto Starck,
un “soñador profesional”, como
se autodefine, alcanza sus más reconocidos
logros, como ser: el Hotel Delano en Miami, o el
Paramount y el Royalton de New York, y este hotel
que describo en edificios existentes y reciclados
en los cuales ha podido desplegar las notables condiciones
que lo han popularizado. Es decir, en los límites
que le imponen estos edificios existentes con estructura,
aventanamientos, alturas y fachadas que debe respetar,
logra su más amplia libertad creativa. En
este ejemplo, como en el caso de otros creadores,
se puede afirmar que en el límite está
su libertad.
Al respecto, tengo una anécdota de mi visita
a los hoteles Delano, Royalton y Paramount. En este
último, estando en la recepción, tuve
la necesidad de ir al baño. Naturalmente,
entre en el de hombres. Dentro del baño solo
vi lavatorios y el recinto para inodoros. Entonces,
caí en la cuenta de que debía haber
entrado en el baño de damas. Salí
a la recepción y vi que del baño de
al lado salía una mujer y entraba otra. Recapacité
en que el baño al que había entrado
inicialmente, era efectivamente el de hombres, y
los mingitorios los constituían aquellas
fuentes espejadas por las que se deslizaba desde
lo alto una cortina de agua. Era tan imaginativa
la solución, que no reconocí los mingitorios
como tales. Es decir, los usuarios, ante aquel espejo
que cubría totalmente una pared sobre el
que se deslizaba una película de agua, se
confunden –como me ocurrió a mí–
con una fuente decorativa. Por otra parte, frente
a los lavatorios ubicados en grupos concéntricos
alrededor de un eje vertical, no había espejos,
era imposible arreglarse la corbata o peinarse,
después de lavarse las manos. En cambio,
en los mingitorios sí.
No obstante, debo reconocer que la escalera más
hermosa que yo haya podido ver, construida en el
siglo XX, es de Starck y se halla en el hotel Paramount
de Nueva York. Vaya este juicio en reconocimiento
de la obra de Philippe Starck que, en unión
a Alan Faena, nos ha alegado este magnífico
edificio. |
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DE: LA CIUDAD Y EL MURO » |
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