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“Crónica
del crepúsculo”
Amadeo Gravino
Poemas
Ediciones Generación Abierta
Buenos Aires 2002
Crónica del crepúsculo
en la Palabra de Amadeo Gravino
La trayectoria poética de Amadeo Gravino
conocida y admirada por quienes hemos seguido
sus pasos por los caminos de la lírica,
tiene en este libro la demostración
de su calidad y madurez.
Crónica del crepúsculo (Ediciones
Generación Abierta, Buenos Aires 2002)
despliega una estética donde las añoranzas
y la carnadura vivencial se conjugan con mensajes
y denuncias en plena combustión. No
en vano, epígrafes de César
Vallejo y Eduardo Galeano, abren las páginas
del poemario. Amadeo Gravino transita por
las calles y parques de Buenos Aires bajo
el "cielo de acordeones". Se inflaman
sus textos con una porteñidad que trasciende
hacia horizontes universales. Desde la vida
"amarga como un tango ", el poeta
ahonda su buceo hasta tocar las llagas del
desencanto y advertir "los artificiales
sueños de los shopings". La escritura
de Gravino no se maquilla con encajes ni retóricas
pasatistas. Lo suyo es un discurso directo,
transparente, un entramado de alto vuelo,
que sabe descubrir la belleza entre los grises
vaivenes ciudadanos. "El viento golpea
a las gaviotas que trazan jeroglíficos",
nos dice con su prosa poética original
e inolvidable. Más adelante, canta:
"Desaforadas, suenan las campanas: las
volvió locas el viento que viaja por
el mundo para hacer el poema."
La "computadora ", "las veredas
manchadas por charcos con olor a petróleo",
"el perro flaco, hambriento y asustado"
dibujan espacios de soledad insinuados y luminosos.
Esto no resulta paradójico. Precisamente,
valoramos la alquimia transfiguradora que
nuestro poeta ofrece con genuina libertad
expresiva. Su lenguaje asoma con ternura,
cuando se afirma con imágenes como
la siguiente: "un dedal oxidado de alegrías."
El contexto histórico que aparece en
Crónica del crepúsculo justifica
este acertado título. Perón,
Nixon, López Rega, Videla, la guerra
de las Malvinas, Cuba, Stalin, Pinochet, Camps
y tantos otros, marcan destinos y tragedias
de una generación que jamás
olvidará infames desgarramientos. Amadeo
Gravino lo sabe perfectamente porque sus heridas
sangran en cada palabra de este libro testimonial.
El poeta alterna con distintas coloraturas
la atmósfera. de sus páginas.
Los matices impresionistas llegan, por momentos,
con insinuantes revelaciones. "La tarde,
va lenta y sensual, sobre árboles rociados
por el sol de limón y gorriones. Ágiles,
los coches se clavan contra un horizonte de
témpera gris y de palos borrachos."
Las citas literarias de Humberto Constantini
o Mario Benedetti, por ejemplo, no son meras
referencias ilustrativas. La fraternal y militante
conciencia de Gravino hace suyas las palabras
de quienes están ligados entrañablemente
con el dolor y el pensamiento latinoamericano.
Viajes por el mundo, tránsitos entre
poetas amados, dictan a este creador composiciones
que destilan sabiduría, lirismo y ese
encantamiento trágico que caracteriza
la esencia de su discurso.
En las páginas finales leernos estas
plurisémicas consideraciones con un
porteño acento cargado de sabiduría.
"A esta hora de la tarde me preguntó
si las palabras pesan como bolsas de carbón,
de maíz o de harina... Si pesan como
un camión de arena, como un camión
de animales o piedras. Y tengo la sensación
que pesan, que ahora, cuando invade el crepúsculo,
todo duele y no es alegre, que todo, viaja
con trabajo y tristeza, que todo se mueve
con gran lentitud hacia la noche.”
En otras estampas, Gravino talla sus vibraciones
con pinceladas y notas musicales de exacto
equilibrio y ponderables proyecciones: "De
mi infancia, evoco paredes rectas y altas
con barbas de glicinas y grillos saxofonistas
que chillaban misterios... Cielo cansado,
cielo cantor." “Recuerdo las vacas
del lechero que iban en las
tardes, sobre los adoquines y en medio de
los pibes, tocando campanitas.” "El
patio era lujo de entonces.” |
|
| por
Norma Pérez Martín |
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