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"La
divina comedia"
Traducción y notas de Antonio Jorge
Milano.
Grupo Editor Latinoamericano
Buenos Aires, 2002.
Después de la traducción intentada
por dos argentinos, la clásica de
Mitre y la muy interesante de Battistessa,
nos llega la cuidada traducción de
Antonio Milano, en versión (bilingüe)
de tercetos endecasílabos sin rima.
La elección de lo que Milano llama
“prosa ritmada” (no comparto
la denominación de “prosa”)
resulta un acierto porque nos lleva suavemente
al original sin forzamientos, lo mismo que
la aproximación al idioma rioplatense,
lejos de hispanismos o vocablos arcaizantes.
Es muy lógico, una traducción,
en el decir de Borges, es un estímulo
para que el lector se acerque al original
más que un sucedáneo imposible.
Es oportuno destacar la presencia de notas
de interés para el lector, así
como de ilustraciones de la época
y de pintores argentinos. Celebro la aparición
del estilo inconfundible y refinado de Oscar
Capristo.
Esta traducción con su acento en
un idioma cercano al de todos los días,
logra también acercarse al encanto
y la intensidad de Dante, que elabora múltiples
lecturas, como ya es bien sabido a la usanza
medieval, sin que deje de hacernos entrar
en la fluidez de la historia.
En un pasaje famoso del Infierno, Ulises
es castigado por su popular fraude del caballo
de madera. Sin embargo, el texto se bifurca
en otro gran pecado oculto (o remarcado
secretamente) por Dante que es la soberbia:
cruzar los mares hasta tierras quiméricas.
En este sentido los tercetos remiten al
pecado especular de Dante que es pretender
juzgar como Dios. Estas soberbias se asemejan
a la traducción que el refrán
ha calificado de “traición”:
yo diría que las traducciones, en
especial las de los clásicos, son
temerarias y también nobles. Así
las empresas de Ulises, Dante y el traductor
se remiten entre sí. |