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Roxana Palacios
Ediciones del Dock
Buenos Aires, 2002.
La obra de Roxana Palacios manifiesta, con
absoluta nitidez, la lucha que significa
elegir entre la creación y el mismo
entorno que la delimita, la severa ruptura
que supone la exploración lingüística
en toda forma de ordenamiento racional.
Este libro condensa la potencia y la belleza
de la poesía capaz de plasmar el
caos, descontextualizar el pensamiento a
través de la palabra, reintegrar
la palabra en su expresión más
pura.
Detrás de cada verso se vislumbran,
con la misma fuerza, el carácter
frágil de la duda y la contundencia
de un alumbramiento. Es un “dar a
luz”, con todos los escollos y dolores
que significa esta instancia. Y es, a la
vez, un comienzo mágico, un estallido
vital, una catarsis que no desestima el
uso de todos los recursos poéticos
para penetrar los sentidos: “aunque
para tener algo de cielo / tenga que arrancarlo
de un pedazo de pared”.
Esa claridad, ese ingreso a la luz, se resume
en una profusión de contenidos de
y de formas cuidadosamente tejidos entre
silencios y razonamientos sugestivos. Los
significados se trastocan y reflejan la
ambigüedad característica del
ser poético a través de una
apropiada edificación del grafismo
que, en ningún momento, pierde la
espontaneidad.
Sinestesia que demanda, sensualidad que
no vacila, sobrecogimiento que declara,
se conjugan en una poética definida
y concreta, en una textura que suaviza todo
aquello que el hecho creativo, necesariamente,
debe arrancar. Se define, entonces, un juego
permanente entre el “adentro”
y el “afuera”, un contraste
que oscila entre el negro y el blanco.
Un caudal infinito en el interior. “Lo
blanco” funciona como signo inconfundible
de claridad; la claridad, a su vez, aparece
como inminencia de fractura. El hecho poético
se agazapa en lo misterioso, en lo secreto,
pero también es testimonio, cambio,
descubrimiento, alivio, permiso; por lo
tanto, resulta ineludible. Las pausas, los
versos blanco, el aire de la página,
marcan un espacio de amplitud en el que
la identidad sensible de la poeta se refleja
y, desde allí, denuncia y solicita,
indaga y se resuelve.
Roxana Palacios elige la poesía que
trasciende las barreras de la indiferencia.
Esta determinación nos permite disfrutar
de un estilo consumado e impecable, de un
libro que sorprende por su intensidad tanto
como por su mensaje reflexivo. |