»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
| AGENDA | ARTISTAS | TRADUCTORES | COLUMNISTAS | RESEÑAS DE LIBROS | CONCURSOS | i
m
I RESEÑAS DE LIBROS
.
“Precaria quietud de la hora”
Julio Antonio Corigliano

Poemas
Edición de Autor
64 páginas
Buenos Aires, 2003


JULIO ANTONIO CORIGLIANO: LA POESÍA COMO REGRESO DE LA ETERNIDAD

Julio Corigliano nos ha dado en bellísimos poemas, su percepción de que el mundo es una fiesta lenta y demorada, pero que sólo podemos advertir su belleza cuando hemos sido capaces de trascender sus apariencias. En efecto, su palabra trae el sabor de la eternidad, y es por lo tanto un permanente regreso a lo amado y próximo, un regreso empapado de nostalgia, del sabor de lo que perece, del ansia de la perduración. La mirada que dirige a las cosas es la mirada abierta de quien ha morado en las cavernas interiores y ha gozado, así sea en instantes fugaces, del encuentro con el Ser. Sólo a partir de esas iluminaciones puede traernos el resplandor que envuelve sus palabras, el sereno arrebato de la pasión dominada, los zumos de la sabiduría poética.

Precaria quietud de la hora es un libro de vida contemplativa y por lo tanto de auténtica poesía, visualizada desde la reflexión del filósofo. Con lúcida expresión, nos comunica el secreto de un vivir pleno, que es el vivir de la vida en alto, suspendida como la luna, sobrepasados los límites de las convenciones cotidianas, de la alienación, la inmediatez, el ruido. Quien ha morado en la vastedad del silencio originario posee la clave de un vivir sabio, liviano y suspendido. La iniciación en el misterio real ha afinado sus sentidos y ha abierto otros sentidos espirituales. Puede decir ahora La oscuridad se oye/ se oye el frío/ se oyen los huecos,/ la rama quieta/ la calle dormida/ la claridad del alba...

Julio ha descubierto profundamente el destino último y trascendente del arte. Ese descubrimiento abre paso a imágenes de extraordinaria belleza, que nos traen el perfume de la eternidad anhelada. También, como no podría ser de otro modo, instala una poética que transparenta su propia evaluación de la palabra que profiere y recibe. De la palabra al silencio, y de éste a la palabra, tal el vaivén que genera su honda continuidad y a un tiempo su terrible discontinuidad, trágica e irresuelta. Su expresión se desgrana por cauces de sencillez sintáctica e imágenes de despojada plenitud.

En el profundo hueco de la eternidad
el canto de un pájaro resonando...
..........................................................
Siempre de regreso...
del mar
de la montaña
del campo
de la tierra abierta
y del cielo sereno
... de regreso
del íntimo reencuentro con Dios
...................................................
Llegar al poema es llegar a un hogar...

Bachelard lo llamaría un poeta de la imaginación aérea, tanta es la fuerza de las imágenes del aire, el viento, todo aquello que se eleva y vuela.

Viento que por el viento se aleja
viento que con el viento se encuentra
viento que desciende
viento que se eleva
viento que se duerme
viento que en el viento despierta

Otra imagen favorita es la lluvia, con su carga de tiempo que transcurre y de maternal purificación, y también la noche, casa del solitario, del perdido. La noche es próxima al silencio, la muerte. En la densidad metafísica de la noche el poeta vela su alma.

Bajé la vista sobre mis pasos
y vi mi sombra temblando...

En fin, mucho podría hallar el escalpelo del análisis en la textura de estos versos entretejidos de pasión y contemplación, que encierran también los afectos de la vida, la madre ausente, el hijo, la esposa, los amigos. Por momentos percibimos que las palabras del amor entrañan una anticipada despedida, como la de todo aquel que ha alcanzado la meseta de lo eterno y desde allí vuelve, con el corazón iluminado y teñido de una nostalgia inenarrable, a la belleza de los días, donde cada cosa es más ella misma, remite a una totalidad de sentido.

Nuestro corazón se abriga en la brisa cálida
dispone su ternura
ordena su confianza
serena diligentemente el alma...

Finalmente, y antes del epílogo, aparece el ángel, figura espiritual que sólo aceptan las almas desprejuiciadas y solas. Apostaría a que en esa imagen –sólo riesgo, sólo cielo, sólo mar, sólo viento– proyecta Julio su más íntima esencia, purificada y acendrada por el verbo poético.
Es un regalo para el espíritu sumergirse en estos poemas, editados con el cuidado gráfico de Emilio Buso.

En el profundo hueco de la eternidad
el canto de un pájaro resonando

suspendido en un aire sin márgenes
ascendiendo por la ladera del cielo
asomado a las cumbres de la claridad
derramándose por la delicada pendiente
de un cadencioso lecho aéreo

Después
el vórtice prístino del silencio
una distancia extendida sin límites
hasta desaparecer las cosas
hasta barrer las nubes
los horizontes
las órbitas
sólo distancia
como el vuelo majestuoso del águila
que es el silencio
que ya no se oye, no se piensa... no se canta

En el cristal de su absoluto dominio
el índice impreciso de mi nostalgia
dibuja con torpeza nuevamente el mundo
el arco invisible del cielo
el surco de las nubes
la ruta de los pájaros

el hueco profundo del canto
la eternidad resonando
por Graciela Maturo
.
« VOLVER AL INDICE DE LIBROS
m
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos