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"Finisterre"
María Rosa Lojo
Novela
Editorial Sudamericana
192
páginas
B. Aires, 2005
La
Editorial Sudamericana, para contribuir
a la difusión de la novela Finisterre
(2005) de María Rosa Lojo, ha donado
un ejemplar a la Revista Francachela. Nos
honra, pues, comentar esta nueva obra de
la destacada narradora, poeta, ensayista,
investigadora del CONICET, cuya trayectoria
está avalada por importantes premios
otorgados en Argentina y en el extranjero.
La edición presenta un diseño
sugerente de tapa, a cargo de Isabel Rodrigué.
Los epígrafes de Rosalía de
Castro y Calderón de la Barca abren
la novela y enuncian ejes esenciales de
este libro que, desde las primeras páginas
atrapa al lector. Una prosa impecable, como
advertimos en novelas anteriores de la autora,
plantea realidades y ficciones a través
de intertextos oportunos, descripciones
llenas de energía, sombras y luminosidades
poéticas, personajes con entrañable
carnadura humana, cartas y diálogos
dinámicos, y a veces, incisivos.
Ternura, memoriosas angustias, humor, se
desplazan entre voces disímiles que
diseñan identidades marcadas por
conflictivos cruces de criaturas que rechazan
integrarse. Espacios culturales y geográficos
distantes y distintos impulsan el entramado
de una escritura tejida con devoción
y dominio discursivo.
Finisterre (título que anuncia historias
remotas e intensas añoranzas) estalla
en escenas donde personajes inolvidables
revelan sus angustias, sus furias, sus flaquezas,
sus miedos. La voz epistolar de Oscar Wilde
se impone con sabias reflexiones y líricos
trazados. La aparición de Manuela
Rosas de Terrero, con palabra enérgica
y oportunos comentarios, nos recuerda pasajes
con idéntica fuerza y clara memoria
del período rosista presentes en
La Princesa Federal, que María Rosa
Lojo publicó en editorial Planeta
en el año 1998. No se trata de repeticiones,
pues la escritora sabe graduar exactas connotaciones
según los contextos y conflictos
que exige cada relato. De igual modo, advertimos
aproximaciones entre Finisterre y la pasión
de los nómades (editada por Sudamericana
en 1994), donde la novelista plantea luchas
y tragedias entre ranqueles y los “huincas”.
En uno y otro libro Lojo plantea enfoques
geoculturales, presentando la voz de los
silenciados, que la “historia oficial”
se ha empeñado en ocultar. Los núcleos
simbólicos emergentes en Finisterre
convocan a la aparición de figuras
arquetípicas: tal el caso de “Mira
Más Lejos”, el machí
(hechicero de la tribu). Vívidos
rituales, cantos impregnados de sabiduría
ancestral, persecuciones sangrientas, se
presentan con recursos narrativos y pinceladas
estallantes que, por momentos, adquieren
focalizaciones cinematográficas.
Memoria y ficción se deslizan, tanto
en sucesos colectivos como individuales.
María Rosa Lojo logra graduar las
temperaturas opuestas para cada situación.
Coplas sazonadas con la picardía
criolla, aligeran las tensiones del relato.
Lo épico y lo dramático dejan
lugar al lirismo y a las cadencias del corazón.
Por otra parte, escenas de crudo realismo
irrumpen en las tolderías. La escritura
metafórica de esta creadora argentina
se ilumina en momentos trágicos,
al igual que en circunstancias teñidas
con tonalidades intimistas.
Elizabeth Armstrong, residente en Londres,
recibe cartas de Rosalind Kildare (irlandesa
oriunda de Galicia y que había vivido
en Argentina). Ambas constituyen las criaturas
centrales dentro de los circuitos narrativos
de esta novela dinámica y rica en
plurales direcciones y mensajes.
El género epistolar alterna los matices
discursivos. Será la carta final
de Oscar Wilde (fechada en Oxford el 23
de enero de 1875) la que construya intromisiones
sugestivas acerca de los personajes del
libro que nos ocupa.
Las páginas finales de Finisterre
revelan un ejemplo de ponderable coloratura
estética, donde el alter ego galaico
de Lojo irrumpe en su herencia siempre fresca.
Aquí, la novelista alude a los montes
de Barbanza, que ella había citado
en la dedicatoria a su padre (en la novela
Las libres del Sur, editada en el año
2004). Pero, además, María
Rosa Lojo también apunta, desde su
argentinidad insobornable, lo siguiente:
“al atardecer, cuando el sol se derrite
y gotea sobre el mundo, la pampa se hace
traslúcida, como si se escurrieran
hacia adentro las quebraduras de la luz”
(p.174).
La novela concluye con un bravío
esplendor. Leemos en la página 181
lo siguiente: “cuando estoy de pie,
sobre el acantilado, bajo el faro del fin
de la tierra, con las ropas transidas por
la lluvia inversa de las olas, soy Rosa,
la hija de María Josefa y del irlandés;
y soy “Pregunta Siempre”, la
que volvió de la llanura como quien
vuelve de la muerte”... ”Sin
embargo soy dos. Soy las dos”.
El aliento poético y la síntesis
de estas líneas finales contribuyen
a traducir el eterno retorno que nuestra
novelista ha trazado altivamente y con firme
convicción.muerte”... ”Sin
embargo soy dos. Soy las dos”.
El aliento poético y la síntesis
de estas líneas finales contribuyen
a traducir el eterno retorno que nuestra
novelista ha trazado altivamente y con firme
convicción. |