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-Crítica de Arte
por Lic. Luisa Osdoba y Arq. Andrea Zoilo
Muestra: Diálogos perplejos
Artista:
Liliana Porter.
Lugar: Centro Cultural Recoleta, Sala Cronopios.
Fecha: Hasta el 28 de febrero de 2004.
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Ingresamos a la sala atraídos por una sugestiva promesa. Fotos, pinturas, collages, videos, grabados, figuritas, objetos, cosas. Lo cotidiano irrumpe entonces como resto de aquello que pudo haber sido, de una ilusión que aspira desentenderse de la palabra empeñada. Parejas de objetos de series distantes generan la incomunicación más que el diálogo, la soledad más que el vacío, como si "la sombra del objeto cayera sobre el yo" y, en lugar de la inevitable explosión y la seguidilla de fragmentos y esquirlas, se gestara la desolación. Como si en la asepsia de la sala Discépolo murmurara e intentara ponerle letra a un concierto silente de John Cage. Una especie de afirmación del arte aparece por fin en su negativo de hiancia. El silencio sustituye a la música, el objeto industrial reemplaza a la escultura; lo impensado, azaroso y caótico, comienza entonces a generar un efecto paradojal. Así se proyecta una colección, intento clasificatorio que insinúa un criterio que no termina por dejarse contener en ninguna arbitrariedad. De pronto el vacío se impone y sustituye el fondo por la figura, la vida se deja seducir por aquello que no pudo ser: la nostalgia opera por metonimia. Está presente, sí, como un pasado que se aliena, mediante una operatoria retórica al servicio de evitar que asome la generosidad del fenómeno estético en su forma primigenia: un conocimiento a través de la sensualidad.
No en vano Nietzsche lloró con insistencia sobre los restos de un dios impotente que dejó de ser. Sin duda la caída de la metafísica, de la representación, ha creado nuevas y valiosas formas de simulacro, lo cual no significa necesariamente que sólo alcance con la presentación para que aflore la epifanía del Acontecimiento.

(Agradecemos la colaboración del Lic. José E. Kameniecki)
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