Muestra:
Diálogos perplejos
Artista: Liliana
Porter.
Lugar: Centro Cultural Recoleta,
Sala Cronopios.
Fecha: Hasta el 28 de febrero de
2004. |
| . |

|
Ingresamos
a la sala atraídos por una sugestiva
promesa. Fotos, pinturas, collages, videos,
grabados, figuritas, objetos, cosas. Lo cotidiano
irrumpe entonces como resto de aquello que
pudo haber sido, de una ilusión que
aspira desentenderse de la palabra empeñada.
Parejas de objetos de series distantes generan
la incomunicación más que el
diálogo, la soledad más que
el vacío, como si "la sombra del
objeto cayera sobre el yo" y, en lugar
de la inevitable explosión y la seguidilla
de fragmentos y esquirlas, se gestara la desolación.
Como si en la asepsia de la sala Discépolo
murmurara e intentara ponerle letra a un concierto
silente de John Cage. Una especie de afirmación
del arte aparece por fin en su negativo de
hiancia. El silencio sustituye a la música,
el objeto industrial reemplaza a la escultura;
lo impensado, azaroso y caótico, comienza
entonces a generar un efecto paradojal. Así
se proyecta una colección, intento
clasificatorio que insinúa un criterio
que no termina por dejarse contener en ninguna
arbitrariedad. De pronto el vacío se
impone y sustituye el fondo por la figura,
la vida se deja seducir por aquello que no
pudo ser: la nostalgia opera por metonimia.
Está presente, sí, como un pasado
que se aliena, mediante una operatoria retórica
al servicio de evitar que asome la generosidad
del fenómeno estético en su
forma primigenia: un conocimiento a través
de la sensualidad.
No en vano Nietzsche lloró con insistencia
sobre los restos de un dios impotente que
dejó de ser. Sin duda la caída
de la metafísica, de la representación,
ha creado nuevas y valiosas formas de simulacro,
lo cual no significa necesariamente que sólo
alcance con la presentación para que
aflore la epifanía del Acontecimiento.
(Agradecemos la colaboración del Lic.
José E. Kameniecki) |
|
| . |
|