»
Agregar a Favoritos
GUIA DE ARTISTAS
» Literatura
» Artes Plásticas
» Música
» Danza
» Teatro
» Cine
» Fotografía
» Arquitectura
SECCIONES
» Agenda Cultural
» Direccionario
» Publicaciones
» Concursos
» Página Abierta
COLUMNISTAS
» Buenos Aires
» Desde Argentina
» Desde el Mundo
» Entrevistas
GALERIA ON LINE
» Artistas de El Muro
» Obras en Venta
TANGO | Nuevo
EVENTOS
BENEFICIOS
MEMORIA URBANA
SERVICIOS
PUENTE CULTURAL
.
CONTACTENOS
» Info
» Publicidad
» Gacetillas
» Ventas
» Expo
» Webmaster
| AGENDA | ARTISTAS | OBRAS | COLUMNISTAS | DIRECCIONARIO | CONCURSOS | i
» por Jorge Grinberg
.
Obra: LOS DESVENTURADOS MUY BUENA
Autor: Francisco Defilippis Novoa.
Intérpretes: Rubén Stella, Horacio Roca, Millie Stegmann, Alejandro Rattoni, Osvaldo Bonet, Hugo Cosiansi, Mario Núñez, Wilder Delucca.
Música original: Luis Paulo Campos.
Iluminación: Miguel Solowej.
Vestuario: Marcelo Valiente.
Escenografía: Patricio Sarmiento.
Asistente de dirección: Mónica Quevedo.
Dirección: Luis Romero.
Sala: Teatro Cervantes, sala Orestes Caviglia.
José (Rubén Stella), es un jefe de familia, que parece tener la vida resuelta. Tiene una hermosa mujer, un trabajo, una casa y su grupo de amigos. Si bien todavía le falta un trecho, ya paladea su jubilación y una vejez tranquila junto a sus seres queridos.
Aunque se podría decir que la felicidad es una búsqueda, un camino, un lugar hacia donde ir, antes que una morada posible, José no percibe las cosas de ese modo. Él siente que de alguna manera, ha llegado a ese sitio. Que ahí reside. Y como hombre sabio “que la tiene clara”, reparte consejo a quien quiera escucharlo. Su vida es la consumación del juego que ha soñado para sí mismo.
Sin embargo, nada es lo que parece. Por debajo de la corteza de su mundo ilusorio, se tejen otras historias, que crecen y crecen... hasta que lo oculto, termina por abrirse paso y arrasa con la ficción de la vida de José: Su mujer y su mejor amigo, son amantes.
El dilema queda planteado. ¿Qué es preferible, un universo de aparente bienestar construído sobre la hipocresía o la dura realidad sin máscaras, que termina por sembrar la destrucción?. Y en todo caso ¿Hay terceras opciónes?
Es interesante destacar que la época en la cual transcurre la historia de este humilde obrero metalúrgico –alrededor de 1920- traspasa la puesta. Al igual que en algunas otras obras escritas en aquella década –por caso el Stéfano de Discépolo- el subtexto conlleva un cosmos con entidad propia. Se percibe la presencia de un proyecto de país, de una manera colectiva de concebir el futuro, de “un algo” que trasciende por sobre lo estrictamente personal, que no puede sino contrastar con la actualidad. Es que poco o nada quedó de aquel aire que se respiraba, en un mundo que fue generando la masiva irrupción del “homo-pantallus”, ese individuo aislado y pletórico de darwinismo social, cuyo egoísmo se nos vende como el motor del “progreso” humano, mientras que -despojado de su yecto- deviene en carnívoro selvático.
El conflicto teatral, que va creciendo en interés a lo largo de la puesta, debería alcanzar su clímax en la confrontación cara a cara entre Adela (Millie Stegman) y José, cuando ella -ya viviendo con su amante- regresa a buscar lo que queda de su equipaje. Sin embargo, es en esta escena donde ese interés empieza a decaer. Es que el autor llenó, este crucial encuentro, de palabras. Todo queda explicado, expuesto y no hay lugar para la alusión. Si hubiese confiado en el poder del silencio –que dosificado con exactitud no implica falta de acción- más que en el de las palabras, el resultado final habría sido una tensión dramática de mayor impacto.
Rubén Stella, hace un trabajo memorable. Transmite con precisión, de modo impecable lo esencial del personaje que compone. Sus limitaciones, su idiosincrasia y su condición de arquetipo. Abunda en matices. Excelente también Osvaldo Bonet (Sabino). Crea un personaje creíble de fuertes rasgos personales. Hugo Cosiansi (Alberto) y Horacio Roca (Eduardo), aportan a la escena. Millie Stegman -quien parece signada a trabajar en situaciones triangulares- hace una buena interpretación. Se la ve sólida y a la altura de papeles importantes.
La escenografía y el vestuario, acompañan el buen nivel de la obra en general. La dirección de Luis Romero es acabada y eso se nota en el trabajo de conjunto, donde todo ha sido cuidado al detalle, evidenciando un criterio de respeto tanto para con la platea como para con el autor.
.
VER INDICE DE OBRAS >>
.
Pagina de Inicio Escribanos Agregar a Favoritos