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» por Jorge Grinberg
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Obra: EL SECRETO EXCELENTE
CUENTOS DRAMATIZADOS
EMMA ZUNZ
de JORGE LUIS BORGES
EL AMOR - LA GENTE DE LA CASA ROSA
de HEBE UHART
Dirección:
Alejandra Molinari
Sala:
Patio de Actores. Lerma 568 – Buenos Aires

“El secreto”. Dos cuentos de diferentes autores separados en el tiempo -no en el espacio ya que ambos son argentinos- son puestos en escena por la notable Alejandra Molinari.
El hilo conductor que los hilvana es justamente el secreto, entendido como silencio. Ese que selecciona cuáles cosas serán calladas en determinado momento, cuestión que lejos de hacerlas desaparecer, les insufla una entidad que quizá no tendrían de haber sido echadas a rodar por el mundo.
El primer cuento es “El amor” de Hebe Uhart. Aquí, una mujer regresa cada noche a un bar y entre tragos de alcohol y ritmo de tango, revive una intrascendente historia familiar. La mezcla de una extraña manía con las escobas con un premeditado afán por los ocultamientos, era lo que parecía otorgar algún sentido a esas vidas sumergidas en el vacío.
Sólo un estímulo exterior a ese ínfimo mundo abroquelado que supieron crear, les hace recuperar de modo efímero la sensación de estar vivos.
El segundo cuento es “Emma Zunnz”, de Jorge Luis Borges”. El autor, con su habitual maestría, relata la hisotria de una singular venganza.
Emma, se entera por una carta, que su padre ha muerto, luego de haber ingerido una sobredosis de tranquilizantes. Ella sabe muchas cosas. Que ha sido injustamente acusado de desfalco. Que quien lo hizo aparecer como culpable, Lowental, antes gerente, ahora uno de los dueños de la fábrica de tejidos donde ella trabaja, se ha quedado con el dinero producto del ilícito. Y que todo esto destruyó la vida de su progenitor.
Con esa frialdad que se alimenta de la indignación, prepara un plan para vengar su muerte, aunque tal vez, lo que en realidad está vengando es el ultraje al que la fue llevando toda la situación.
Borges, abunda en sutilezas y pensamientos exquisitos:
“ ...Quería que llegara el día siguiente, hasta que comprendió que era inútil: La muerte del padre, era lo único que había sucedido en el mundo... y seguiría sucediendo sin fin...”
“...Cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba diseñado su plan... A partir de ahí, cambió... ya era... la que sería...”
”...Quizá, le confortó comprobar en el insípido trajín de las calles que lo acaecido, no había contaminado las cosas...”
”...Quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente...”
En el final, turbador, Emma Zunnz, consigue cumplir con su cometido, logrando –además- no ser acusada de asesinar a Lowental. Simula haber sido abusada por él y –en consecuencia- haberlo matado en defensa propia. Dice Borges: ”...La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos porque substancialmente era cierta. Sólo eran falsas las circunstancias, la hora y algún nombre propio...”
Más allá de la belleza de las palabras del autor, el final plantea reflexiones de innegable actualidad. Emma Zunnz parece alertarnos de que hay un punto en donde la justicia se abre en dos, dejando a nuestros pies un inquietante vacío. Por un lado está la corporativa, tan vapuleada y vaciada de contenido por el accionar de sus propios miembros. Por el otro, está aquella que trata de lo que es justo, de lo que está por encima de los vericuetos de lo legal y que -muchas veces- sólo puede ser resuelto con el auxilio de la mano propia. Surge entonces, una advertencia: Los vacíos, de modo inexorable van a ser llenados, no necesariamente por lo más deseable.
Alejandra Molinari, realiza un brillante trabajo. Usa el tono exacto en el momento adecuado, llenando la puesta de matices, de acertadas inflexiones de voz y acompaña con una sutil expresión corporal. Todo apunta a que resulte de lo más natural estar en el teatro escuchando un cuento, condición que permite una cómoda compenetración con el texto.
En el intervalo, se sirve con generosidad pan con queso y vino tinto.
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