Sólo un estímulo exterior a ese
ínfimo mundo abroquelado que supieron crear,
les hace recuperar de modo efímero la sensación
de estar vivos.
El segundo cuento es “Emma Zunnz”,
de Jorge Luis Borges”. El autor, con su
habitual maestría, relata la hisotria de
una singular venganza.
Emma, se entera por una carta, que su padre ha
muerto, luego de haber ingerido una sobredosis
de tranquilizantes. Ella sabe muchas cosas. Que
ha sido injustamente acusado de desfalco. Que
quien lo hizo aparecer como culpable, Lowental,
antes gerente, ahora uno de los dueños
de la fábrica de tejidos donde ella trabaja,
se ha quedado con el dinero producto del ilícito.
Y que todo esto destruyó la vida de su
progenitor.
Con esa frialdad que se alimenta de la indignación,
prepara un plan para vengar su muerte, aunque
tal vez, lo que en realidad está vengando
es el ultraje al que la fue llevando toda la situación.
Borges, abunda en sutilezas y pensamientos exquisitos:
“ ...Quería que llegara el día
siguiente, hasta que comprendió que era
inútil: La muerte del padre, era lo único
que había sucedido en el mundo... y seguiría
sucediendo sin fin...”
“...Cuando la primera luz definió
el rectángulo de la ventana, ya estaba
diseñado su plan... A partir de ahí,
cambió... ya era... la que sería...”
”...Quizá, le confortó comprobar
en el insípido trajín de las calles
que lo acaecido, no había contaminado las
cosas...”
”...Quizá creía que el secreto
era un vínculo entre ella y el ausente...”
En el final, turbador, Emma Zunnz, consigue cumplir
con su cometido, logrando –además-
no ser acusada de asesinar a Lowental. Simula
haber sido abusada por él y –en consecuencia-
haberlo matado en defensa propia. Dice Borges:
”...La historia era increíble, en
efecto, pero se impuso a todos porque substancialmente
era cierta. Sólo eran falsas las circunstancias,
la hora y algún nombre propio...”
Más allá de la belleza de las palabras
del autor, el final plantea reflexiones de innegable
actualidad. Emma Zunnz parece alertarnos de que
hay un punto en donde la justicia se abre en dos,
dejando a nuestros pies un inquietante vacío.
Por un lado está la corporativa, tan vapuleada
y vaciada de contenido por el accionar de sus
propios miembros. Por el otro, está aquella
que trata de lo que es justo, de lo que está
por encima de los vericuetos de lo legal y que
-muchas veces- sólo puede ser resuelto
con el auxilio de la mano propia. Surge entonces,
una advertencia: Los vacíos, de modo inexorable
van a ser llenados, no necesariamente por lo más
deseable.
Alejandra Molinari, realiza un brillante trabajo.
Usa el tono exacto en el momento adecuado, llenando
la puesta de matices, de acertadas inflexiones
de voz y acompaña con una sutil expresión
corporal. Todo apunta a que resulte de lo más
natural estar en el teatro escuchando un cuento,
condición que permite una cómoda
compenetración con el texto.
En el intervalo, se sirve con generosidad pan
con queso y vino tinto. |