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» por Jorge Grinberg
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Obra: TERESA la obra en musical BUENA

Actuan:
Vicky Buchino, Juan Skreltkowicz y elenco
Dirección: Julián Collados
Música Original: Juan Manuel Bevacqua
Coreografía: Laura Scorza
Escenografía: Juan Pablo Villasante
Sala: Teatro Lola Membrives
La vida de la Madre Teresa de Calcuta, es la historia que cuenta este musical dirigido y escrito por Julián Collados. Aunque según el propio director, no es una obra estrictamente biográfica, “Teresa” parecería serlo, pues narra la vida de la Madre en forma cronológica y lineal, desde su primera juventud hasta sus últimos días. Quien relata –y opina- es “Papparazzi” (Juan Skretkowicz), personaje que toma su nombre de la profesión que ejerce en la obra y que va mutando desde una actitud superficial en el comienzo del espectáculo hacia una más madura y profunda en la culminación del mismo.
La trama, se desarrolla –al igual que la obra de la Madre- en gran parte del siglo XX, y remarca ciertos aspectos que marcaron esa centuria, como la guerra fría y la competencia entre ambos bloques ideológicos. Se permite incluso, hacer una parodia de una tanda de publicidad chatarra y de un reportaje de la televisión estadounidense a la Madre, mentado por un conductor típicamente descerebrado, que contrasta notoriamente con la lucidez de la reporteada.
La puesta destaca con insistencia la devoción de la Madre Teresa hacia los pobres y subraya con énfasis que es donde ellos están, el lugar en donde Dios atiende de verdad. A mi modo de ver, la cuestión se expone de tal modo, que los indigentes parecen terminar ocupando un espacio imprescindible para la religión y para la exhibición de valores morales y solidarios. Les otorga el status de materia prima indispensable. ¿Cómo podría la gente buena y solidaria, mostrar su virtud sin la existencia de pobres? Y digo de materia prima, porque en esta puesta, los pobres y los enfermos, no parecen gente con su historia, dolores y circunstancias. Simplemente se asemejan a maniquíes tirados en camillas o a lo sumo, a muñequitos dolientes que gesticulan. En realidad, los desvaloriza en cuanto los exhibe, en cierto modo, despojados de su condición de personas.
En un mundo como el nuestro, donde se produce mucho más que suficiente para permitir que cada ser humano pueda tener una vida –como mínimo- digna a nivel material, donde la riqueza –al margen que está distribuída de modo muy asimétrico- es lo que sobra, este intento de Julián Collados por acercarnos a la vida de la religiosa, no deja lugar ni siquiera para imaginar que la pobreza, es algo que habría que erradicar, eliminar, borrar de la faz del planeta. No deja espacio para pensar que no debería haber pobres, ni uno solo, que sería lo equitativo, en tanto la posibilidades reales de concretar esta situación, dados los recursos que existen, alejan esta idea de la mera utopía.
El final, está coronado con un mensaje esperanzador de la Madre Teresa, supuestamente ubicado en 1980, donde se sueña con un mundo mejor y se pide que lo que prime sea el amor, los valores morales, la paz, la concordia. Sin embargo, es lícito observar que a pesar de sus reiterados mensajes en este sentido, a pesar del ejemplo de vida que ha sido la Madre Teresa –cuya obra y persona admiro, aclaremos- en una época en donde las comunicaciones han garantizado su difusión hasta el último rincón, el mundo no ha hecho otra cosa sino empeorar, yendo en contra de su prédica, aún en el marco de un imparable avance tecnológico. Los pobres fueron cada vez más pobres. Los ricos, cada vez más ricos. Hubo más guerras, más terrorismo, más hambre, más injusticia, más egoísmo. Vinieron Menem y Bush, su mejor alumno. Toda denuncia, toda alocución, todo intento por mejorar, parecería ser inútil. Como en el caso de los “grandes atractores” que estudia la física de última generación, daría la impresión de que fueramos en un camino que conduce sin reverso hacia lo peor.
Tal vez el tema de fondo, sea la condición humana. En la misma sala, el teatro Lola Membrives, un público de panza llena, invitado, aplaudía a rabiar. Se escuchaban “bravos” desaforados por doquier ante cada alusión del personaje de la Madre a favor de la ayuda a los necesitados del mundo.
A la salida del teatro, también está Calcuta. Un mar de bolsas rotas con restos de basura y rastros de la desesperada búsqueda de sustento por parte de nuestros indigentes, eran esquivados con indolencia por la mayoría de los asistentes. Un señor gordo, que sentado a mi lado me ensordeció con sus aplausos y gritos, ignoró a un chico descalzo que a la salida le abrió la puerta del taxi. No sólo no le dio una moneda, ni siquiera lo miró. No sé cuantos de los asistentes al estreno, cambiarán su actitud habitual de indiferente desprecio ante el ejército de menesterosos -gran parte de ellos niños pequeños- que se adueña todas las noches del -mal llamado- centro porteño, en donde está ubicada la sala. La hipocresía de una parte de nuestra sociedad, pasa a tener un rol activo en este espectáculo, sin haber sido
-supongo- algo que se haya propuesto la dirección.
En cuanto al hecho artístico, Vicky Buchino compone un personaje creíble y tiene una actuación muy sólida. Es brillante en el cambio de actitud corporal con el que va acusando el paso de los años. También lo es el desempeño de Juan Skreltkowicz y hay que decir que el elenco en general está en un alto nivel actoral, que es el punto fuerte de esta obra.
La música, variada, está en sintonía con las distintas escenas y hay un buen equilibrio, un tempo apropiado entre lo melódico y lo hablado.
Bien la escenografía y el vestuario.
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