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» por Sonia Gonorazky
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Obra: EL RESUCITADO BUENA

Autor: Emile Zola.
Director: Roberto Villanueva.
Elenco: Lorenzo Quinteros, Daniel Zaballa.
Escenografía: Marta Albertinazzi.
Dibujos: Eduardo Stupía.
Música: José Páez.
Asistente de dirección: Leonel Figliolo .
Sala: Teatro Del Nudo.
Después de la exitosa temporada del año pasado, seguramente las y los lectores de este comentario no ignoren que El Resucitado fue estrenado hace varios años.
Sucintamente, y como es predecible pues el tema es tradicional en nuestra cultura, El Resucitado es un hombre de edad incierta que padeció un ataque de catalepsia del que no logró despertar a tiempo, fue enterrado vivo y logró escapar de su tumba, rehaciendo entonces su vida humildemente y sin ambiciones puesto que sus allegados y, con ellos, la sociedad toda –el locus donde las ambiciones se realizan- le había cancelado su pasaporte existencial de hombre vivo. Convertido por necesidad en un feriante que cuenta con histriónico candor la historia de su vida desde su infancia hasta el presente, el relato es parejo en sus acentuaciones y no pone especial énfasis en aquello que lo convirtió en fenómeno de circo, marcando de este modo el valor de la vida misma del resucitado como ser humano. Pronto resulta evidente que Becaud, el resucitado, no pertenece a nuestra desencantada época, en que su historia apenas ocuparía unas páginas de la prensa amarilla.
En cambio, sí es frecuente en nuestros tiempos representar y construir poéticas teatrales a partir de fuentes no teatrales, como es el caso de este cuento de Emile Zolá, La Mort d’Olivier Becaud, cuyo texto, dice el director Roberto Villanueva, “se respeta en sus más mínimos detalles”.
El presente comentario está dirigido principalmente a eventuales futuros espectadores aficionados o amantes del teatro, y la cuestión de la declarada fidelidad a un texto original puede no ser prioritaria si su interés está puesto esencialmente en el trabajo exclusivamente teatral como un suceso autónomo (que de hecho no lo es, aunque este “recorte” sirve como clave simplificada para su interpretación). Sin embargo, menciono al pasar la conocida expresión “traductor-traidor” y cito nuevamente lo que anticipa el programa de mano: “El espectador “oye” lo que podría leer si optara por abrir el libro”. Pero –y aquí comienza tal vez a construirse la teatralidad de El Resucitado como algo distinto de un espectáculo de narración- aunque en la sala se oye lo que podría leerse, también se ven un personaje (el Otro) y situaciones que no están en el cuento y que sirven a la dramaturgia que pretende poner en escena el relato del cuento más que el cuento mismo.
Acompañan a los dos personajes teatrales que son Olivier Becaud y el Otro (prácticamente silencioso pero crucial en la innovación intrínseca de esta puesta en escema) otros sujetos que forman parte del cuento propiamente dicho: la esposa de Becaud, un elegante y sensual caballero, una matrona malhumorada y su hija. El hecho de que estos personajes sean representados por siluetas de cartón y títeres a los que los dos actores prestan, impostándolas, sus voces, es un recurso que sirve para marcar una distancia -que al mismo tiempo es mezcla o confusión- entre los campos teatral y literario; en este aspecto dual y antagónico de distancia y confusión “reside la sustancia dramática del espectáculo”, según las palabras Villanueva.
Más arriba se mencionó que Becaud no es un hombre de nuestra época. Sobre este aspecto, es interesante la manera en que se logra la ambientación temporal, en una puesta bastante ascética en recursos escenográficos y de vestuario, a través de la caracterización de los muñecos cuyas vestimentas, pintadas sobre el cartón como forma de acentuar su ficcionalidad, son claramente anticuadas, como también lo es la simulada técnica con que el Otro y Becaud construyeron estas siluetas, emparchándolas y reforzándolas para el diario trajín.
En cuanto al argumento propiamente dicho, no resulta novedoso ni sorprendente. El ingrediente mágico, capaz de maravillar al espectador, radica en lo estrictamente teatral: la dirección, las actuaciones y, en menor medida, las componentes técnicas (iluminación y sonido). Aunque los dos personajes tienen papeles de distinto peso, con un protagonismo muy claro de Lorenzo Quinteros, el Otro, a cargo de Daniel Zaballa, no es un mero comparsa que sólo sirve para que se destaque el personaje principal, sino que –como ya se dijo- su papel agrega lo necesario, en la dosis mínima y precisa, para que El Resucitado sea la “puesta en escena del cuento del cuento”, aportando además con su actuación el elemento cómico o circense que define el ambiente espacial en que ocurre esta historia.
Por último, cabe señalar que la sala del teatro Del Nudo en la librería Losada es pequeña y con un adecuado desnivel, por lo que cualquier ubicación es igualmente buena para disfrutar el espectáculo, una opción sumamente interesante para el receso estival en que la oferta de buen teatro se reduce notablemente.
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