Obra:
"...Y SUS PIES TOCARON LA TIERRA"
Estreno: Viernes 16 de Agosto
- 21 hs.
Sala: El Astrolabio Teatro.
Av. Gaona 1360 - Ciudad de Bs. As. - Tel. 4581-0710
Funciones: Viernes y Sábados
21 hs.
Entrada: $ 8 - Estudiantes
y Jubilados $5
Elenco:
Martín Ortiz, Andrea Ojeda,
Hugo de Bernardi, Julieta Fassone.
Dramaturgia y Dirección: Diego
Cazabat.
Textos: W. Shakespeare, A. Ojeda,
M. Ortiz y G. Mazieres. |
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Se
apagan las luces de la sala, y en el aire se respira el clima
que luego los actores vivirán y transmitirán
a lo largo de toda la representación. Esto, al menos
a mí, me da la pauta de la concentración y el
trabajo previo de este grupo de actores, que habrán
de dejar su alma en cada gesto, en cada inflexión de
la voz. Son sólo cuatro actores, pero por momentos
ofrecen la extraña sensación de que es la humanidad
toda la que sufre sus angustias y sus miedos. La desesperanza
de sus pérdidas más entrañables, los
pequeños recuerdos de momentos gratos, que son tan
fugaces, que la realidad no tarda en aplastarlos contra sus
propias miserias.
La anécdota, es que el mundo se derrumba y que ni siquiera
dios puede hacer nada por ellos, en el caso que quisiera hacerlo.
Pudo haber sido una peste, la guerra biológica del
guardian del mundo contra el enemigo de turno, un error de
cálculo de alguien que apretó un botón
equivocado. La cuestión de fondo es que estos seres
humanos, desdichados y con lo poco que han podido salvar de
sus propios presentes o pasados, según el caso, están
quizás ante su propio derrumbe, en una metáfora
sin medias tintas y sin golpes bajos, del mundo actual.
Es una pequeña obra de arte. El manejo del espacio
escénico, la relación de cada actor con el otro,
con su propio cuerpo y con el perfectamente delimitado adentro
y afuera del escenario . La máscara elegida por cada
uno de los actores para darle carnadura a estos sufridos personajes
que conmueven. Nada sucede por casualidad.
La música atraviesa el ánimo, por su sencillez
y por el adecuado contexto que refleja y contiene. Se nota
un gran trabajo de la dirección, en la puesta en escena
y en el brillante trabajo de los actores. En todos y cada
uno de los elementos que juegan para no dejar que la atención
decaiga un sólo segundo, y atrapen al espectador hasta
tal punto, que cuando la obra llega a su fin, se produce la
paradoja de querer que continúe y a la vez alivio,
porque se han acabado las penurias de los personajes.
Aquel que no llegue a verla se habrá perdido, una de
esas joyitas que pocas veces se vuelven a repetir.
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