El
Martes 18 de Enero asistí a la función
de prensa de la presente obra, de la que intentaré
hacer la crónica.
El texto es un torbellino de vivencias, fuertes,
contradictorias, a veces desgarrantes, como la
vida misma. Palabras que golpean desde distintos
ángulos, con una narrativa densa, vital.
Coincido con el director en que no hay historia.
No coincido en que “…esos monólogos
casi esqueléticos, sin interrelación
alguna se convierten por su sola brutal belleza…en
teatro…”
El teatro es acción dramática, conflicto,
entre otras cosas que ponen sobre el escenario
los actores de la mano del director, cuando hay
una puesta en escena.
“…La obra…se piensa a sí
misma como un poema…confía en la
acción de la palabra…” dice
nuevamente el director.
La palabra en sí misma no es acción.
El silencio puede contener una inmensa acción
dramática. La palabra puede ser vehículo,
excusa y disparador que los actores transitarán
de la mano de la dirección, para escenificar
y darle dimensión teatral a las palabras
del autor.
Un poema no es teatro, aunque existe el teatro
poético.
Rescato la entrega de los actores y su trabajo
con un texto nada complaciente. |