Esta
obra de Susana Torres Molina cuenta el encuentro
de dos hombres en un sauna, lugar aislado, secreto,
del que son los únicos habitantes a lo
largo del duelo que mantienen, un duelo que tarda
en declararse abiertamente porque aunque el “macho”
furioso y autodeclarado herido de muerte que encarna
Contreras provoca y agrede continuamente, Machín
trata de no perder la calma y ser reflexivo, aunque
no siempre lo logra.
Contreras espió y siguió a Machín,
con quien comparte una amante que parece haberlos
abandonado y sobre la que quiere “saber
más”. Pregunta, se burla, ataca,
mezquina información, es siempre despectivo
con su adversario y a medida que transcurre el
tiempo la idea que parece movilizarlo va cambiando,
sin dejar de girar en torno a Ella. Machín
parece más seguro de sí mismo, menos
pretencioso. Creo que esto hace que, siendo siempre
el más débil, termine en algún
sentido siendo el vencedor.
Considero que el texto no tiene sorpresas ni grandes
tensiones, hay algunos chispazos de humor –tampoco
descollantes- y toda esta medianía bien
puede ser reflejo de la de los propios sujetos,
deslumbrados por una mujer que practica su liberad
y su derecho a la misma con una soltura que envidian
y padecen estos hombres que no tienen nombres
y ni siquiera una caracterización como
tal o cual personaje en el programa de mano. Al
igual que los efectos de la iluminación
y la distribución espacial, aspectos que
comento más abajo, este borramiento es
un recurso que enriquece la significación
del texto aportando información que el
público no encuentre tal vez en la caracterización
de los personajes.
Son las convincentes actuaciones, un tanto paródicas
y sutilmente antinaturales, no tanto en los gestos
o los movimientos como en el manejo vocal y la
pronunciación, las que dan forma y cuerpo
a lo ridículo o patético de la contienda,
plagada de los lugares comunes que frecuenta la
imaginación desencantada, lo que puede
expresar una intención crítica o
reflexiva de la autora sobre los estereotipos
fundantes de la masculinidad hegemónica.
La mayor parte del tiempo, los dos rivales se
miran y se ubican de frente respecto al público.
La disposición de las plateas permite que
los espectadores vean la cara de uno de ellos
y que los que se encuentran al frente vean la
del otro. Este factor altera notablemente las
condiciones de “convivio teatral”
ordinarias, y puede producir en el espectador
una sensación de transparencia, de amplitud
espacial que no se encuentra en las paredes del
escenario a la italiana.
La austeridad y la potencia de la iluminación
refuerzan los referentes simbólicos del
lugar en que se desarrolla el conflicto: el recinto
asfixiante de un sauna impecable donde cada cual
se somete, desnudo y en forma pasiva, a una expurgación
o catarsis que puede ser decisiva, aunque habitualmente
no supera la condición rutinaria.
En síntesis, “Ella” es una
obra de teatro amena, que no se sumerge en temas
urgentes ni profundos sino cotidianos (cierto
es que los celos no resultan cotidianos a quien
los padece) y que se sustenta principalmente en
las buenas actuaciones de sus protagonistas. |