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» por Sonia Gonorazky
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Obra: ELLA MUY BUENA

Autor:
Susana Torres Molina
Elenco: Patricio Contreras y Luis Machin.
Dirección: Susana Torres Molina.
Sala: Teatro Payró
Esta obra de Susana Torres Molina cuenta el encuentro de dos hombres en un sauna, lugar aislado, secreto, del que son los únicos habitantes a lo largo del duelo que mantienen, un duelo que tarda en declararse abiertamente porque aunque el “macho” furioso y autodeclarado herido de muerte que encarna Contreras provoca y agrede continuamente, Machín trata de no perder la calma y ser reflexivo, aunque no siempre lo logra.
Contreras espió y siguió a Machín, con quien comparte una amante que parece haberlos abandonado y sobre la que quiere “saber más”. Pregunta, se burla, ataca, mezquina información, es siempre despectivo con su adversario y a medida que transcurre el tiempo la idea que parece movilizarlo va cambiando, sin dejar de girar en torno a Ella. Machín parece más seguro de sí mismo, menos pretencioso. Creo que esto hace que, siendo siempre el más débil, termine en algún sentido siendo el vencedor.
Considero que el texto no tiene sorpresas ni grandes tensiones, hay algunos chispazos de humor –tampoco descollantes- y toda esta medianía bien puede ser reflejo de la de los propios sujetos, deslumbrados por una mujer que practica su liberad y su derecho a la misma con una soltura que envidian y padecen estos hombres que no tienen nombres y ni siquiera una caracterización como tal o cual personaje en el programa de mano. Al igual que los efectos de la iluminación y la distribución espacial, aspectos que comento más abajo, este borramiento es un recurso que enriquece la significación del texto aportando información que el público no encuentre tal vez en la caracterización de los personajes.
Son las convincentes actuaciones, un tanto paródicas y sutilmente antinaturales, no tanto en los gestos o los movimientos como en el manejo vocal y la pronunciación, las que dan forma y cuerpo a lo ridículo o patético de la contienda, plagada de los lugares comunes que frecuenta la imaginación desencantada, lo que puede expresar una intención crítica o reflexiva de la autora sobre los estereotipos fundantes de la masculinidad hegemónica.
La mayor parte del tiempo, los dos rivales se miran y se ubican de frente respecto al público. La disposición de las plateas permite que los espectadores vean la cara de uno de ellos y que los que se encuentran al frente vean la del otro. Este factor altera notablemente las condiciones de “convivio teatral” ordinarias, y puede producir en el espectador una sensación de transparencia, de amplitud espacial que no se encuentra en las paredes del escenario a la italiana.
La austeridad y la potencia de la iluminación refuerzan los referentes simbólicos del lugar en que se desarrolla el conflicto: el recinto asfixiante de un sauna impecable donde cada cual se somete, desnudo y en forma pasiva, a una expurgación o catarsis que puede ser decisiva, aunque habitualmente no supera la condición rutinaria.
En síntesis, “Ella” es una obra de teatro amena, que no se sumerge en temas urgentes ni profundos sino cotidianos (cierto es que los celos no resultan cotidianos a quien los padece) y que se sustenta principalmente en las buenas actuaciones de sus protagonistas.
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