Marcos
Montes, el intérprete de este espectáculo,
dedica cada función a la memoria de su
hermano, “que le enseñó su
amor por los libros de Borges, y su gusto y melancolía
por la pampa argentina”. Este domingo 30
de enero –el día del estreno- con
su lluvia intermitente y fría, con su mezquinísima
luminosidad de día encapotado, aportó
un clima extraescénico más que oportuno
para este logrado triple homenaje: a Borges, a
José Hernández y a Atahualpa Yupanqui.
Es impredecible e improbable que las condiciones
climáticas puedan reproducirse en las siguientes
funciones de esta velada literaria y musical,
pero también es indudable que la atmósfera
de remembranza, de homenaje y nostalgia se logra
en el interior de la sala gracias al ambiente
cerrado del teatro Anfitrión, a las mesitas
donde se acomoda el público y, muy especialmente,
a los efectos de la iluminación que enfatiza
lo crepuscular y desolado de los versos de Atahualpa
pero que también enciende colores cálidos
o intensos cuando la emoción y el movimiento
cobran protagonismo, como en algunos pasajes de
los cuentos El Sur y El Fin (publicados en la
segunda parte del libro Ficciones) que Montes
interpreta poniendo su propio cuerpo al servicio
del relato.
Los espectáculos basados en uno o más
cuentos a los que asistí últimamente
tienen como factor común el uso más
o menos afortunado de algunas técnicas
de la narración oral. Una particularidad
de “El día que siembre adioses”
es que dicho relato no es continuo, sino que se
aprovechan los puntos aparte del texto, las pausas
o giros de la lectura, para intercalar canciones
(mi ignorancia en materia de música y folklore
me obliga a decir “canciones”, sin
especificar si son zambas, cuecas, o algún
otro ritmo, ni el título con el que son
conocidas), fragmentos de poemas y algunos comentarios.
Es destacable que el mismo actor sea también
un sensible guitarrista y cantante: la velada
resulta entonces una suerte de “unipersonal”,
lo que evita la dispersión receptiva del
público y unifica simbólicamente
el homenaje, sobrepasando la individualidad y
el arte de cada uno de los homenajeados.
“El día que siembre adioses”
es uno de las creaciones con que el grupo (H)umoris
Dramatis celebra sus cinco años de existencia.
Otro trabajo de este grupo que vi hace tiempo
y ahora se repone en el teatro Anfitrión,
es “Beckett Argentinien”, con una
estética visual y una poética teatral
completamente distintas a la de “El día...”,
pero igualmente recomendable. |