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» por Sonia Gonorazky
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Obra: LLANTO DE PERRO (UNA VULGARIDAD CONTEMPORANEA) MUY BUENA

Autor:
Andrés Binetti
Elenco:
Marianela Iglesia, Alejandro Lifschitz, Paula López, Gabriela Jost.
Dramaturgia:
Andrés Binetti.
Dirección:
Andrés Binetti / Paula López.
Asistencia de dirección:
Mathias Carnaghi.
Iluminación:
Andrés Binetti.
Sala:
Teatro del Pueblo
Todo transcurre en el interior de una paupérrima habitación construida precariamente en medio de un improductivo campo de límites difusos. Allí viven tres personajes, dos mujeres y un hombre que alternan en el uso del catre o del jergón y para conseguir qué comer cada día. Una suerte de maldición o implacable plaga va diezmando sus recursos: los chanchos del chiquero escaparon hace tiempo, la gallina no pone más, la caza se torna cada día más difícil.
La propuesta argumental del autor Andrés Binetti parte de la idea de negación de los atributos constitutivos de la personalidad en nuestra sociedad y, de este modo, al encierro de los personajes en su propia miseria se suma el borramiento de géneros, roles, oficios, nombres. Parece que lo único que sostiene la vida de estos tres personajes es la rutina, la lucha por la supervivencia, recuerdos que circulan sobre unos pocos acontecimientos pero que cada vez se rememoran de manera sutilmente distinta. La única distracción es escuchar la música de un deteriorado tocadiscos, y el bailecito, aparentemente ingenuo y enigmático.
La ambientación escénica y la caracterización de los personajes trasladan la imaginación a un mundo casi sin tiempo, totalmente ajeno a nuestras costumbres citadinas. El mobiliario descascarado, el tocadiscos anacrónico, la amarilleada foto de Evita, la forma de moverse y de expresarse de los actores parecen remitir épocas pasadas, hasta que la llegada de una visitante inesperada, vuelve el tiempo al presente, revelándonos en forma caricaturizada la enorme distancia que media entre el mundo rural y el urbano, entre los códigos de respeto y convivencia, entre el valor de los gestos y de las palabras.
Toda la obra se desarrolla sobre esta base conceptual y aunque este trabajo se aleja estética y poéticamente del excelente “Leve contraste por saturación” que el grupo Los Calderos presentó en 2003 y 2004, considero que hay cierta confluencia o búsquedas narrativas comunes, ya que ambos trabajos indagan sobre la incomunicación, aunque de manera muy diferente.
Los actores, merecedores de un reconocido aplauso, componen unos campesinos muy logrados, de una acentuada comicidad absurda que no es percibida por ellos mismos. Su tosquedad queda bien delineada por el trabajo corporal y de pronunciación que los convierte en personajes completamente extraños al público y hasta incomprensibles, lo que no perjudica en nada la inteligibilidad del relato.
Por su parte, el cuarto personaje, la encuestadora del INDEC, aporta un contrapunto que permite que se desencadene una acción dramática, que aparezca el conflicto que dinamiza la dramaturgia. Se trata de una joven citadina que llega candorosamente a realizar su trabajo, sin tener la menor idea de la forma de vida y los usos del lenguaje ni del valor que tiene para sus encuestados la escolaridad, la salud, la propiedad privada, el progreso económico o el bienestar material. El registro de actuación desenvuelto y algo frívolo es completamente diferente, marcando enfáticamente su extranjería.
Considero que en esta obra aparece cierta crítica social que no está planteada de una manera “militante” sino que se utiliza como motor del relato. El atropello de las formas de vida y los valores urbanos sobre lo rural tiene como contrapartida la violencia física y -con más razón- simbólica con que los campesinos responden y que para ellos nada significa. El público puede crisparse o reírse durante la función pero cualquiera sea su actitud, seguramente reconocerá una dramaturgia joven e interesante y unas logradas actuaciones.
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