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» por Sonia Gonorazky
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Obra: SERENA DANZA REGULAR

Autor:
Héctor Levy - Daniel
Elenco:
Alejo Mango, Ignacio Pagliere, Paulina Torres
Voz en Off:
Coni Marino
Vestuario:
Carlos Di Pasquo
Escenografía:
Carlos Di Pasquo
Música original:
Cecilia Candia
Asistencia de dirección:
Gaston Calvi
Dirección:
Héctor Levy
Sala:
Teatro Del Pueblo.
Antes de asistir a la función de Serena Danza del Olvido, estuve en una clase en la que se hablaba sobre la construcción de la memoria y la representación de este vital proceso en el teatro, a propósito de otra obra, Rudolf, que vi y comenté anteriormente. Como su título indica, Serena Danza alude al olvido, no a la memoria, pero no es difícil concluir que el antónimo refiere al mismo asunto, y que la negatividad de esta palabra no hace más que poner énfasis, por desplazamiento, en el sentido afirmativo de la memoria.
En Serena Danza del Olvido van alternando dos relatos, presente y pasado, que se articulan como historias superpuestas, no a la manera de un flash back sino como lo que en la crítica teatral suele llamarse “construcción expresionista”,en este caso una intrusión del registro subjetivo e íntimo de uno de los personajes. De este modo, presente y pasado de los tres personajes van dibujando una suerte de tapiz, donde algunas palabras o actitudes son los puntos de confluencia de los dos relatos. Es clara la acción que se ubica en el presente, la recuperación gradual de la memoria y también la intrusión del pasado, mediante historias que se repiten o elementos que van apareciendo sólo para dar fuertes puntos de anclaje a ese recuerdo incipiente que lucha por emerger de la negación y el olvido. Más complejo de analizar es el sentido de las acciones que transcurren en el pasado, que por momentos parece estar aconteciendo únicamente en la cabeza de uno de los personajes, y otras veces parece un fenómeno colectivo, telepático.
El texto principal de Héctor Levy Daniel, es decir las palabras que forman los parlamentos de los personajes, es profundo y cumple los objetivos que su autor se propone, aunque también tiene momentos que parecen forzados y excesivamente “antinaturales”. No considero esto no es una falla o un punto débil de la dramaturgia, ya que actualmente un teatro de pretensiones naturalistas sería considerado prácticamente una pieza de colección. Pero creo que esta artificialidad y sus infinitas posibilidades expresivas no están bien aprovechadas en las actuaciones, que parecen exageradas o, al contrario, demasiado pobres e inexpresivas y hacen que se pierda la intensidad del mensaje y del significado del texto, ni en los efectos de la iluminación.
Un efecto que me pareció bien logrado es el de la transición entre los dos tiempos que conviven en la historia relatada en Serena Danza. A la salida, escuché uno o dos comentarios de otros espectadores para quienes había un misterio no resuelto en el argumento, una especie de intriga o final abierto. Con seguridad, interpretándolo desde ese punto de vista este espectáculo desatará reflexiones completamente diferentes a las mías. Esta es, en gran medida, la magia del teatro: un fenómeno de la vida misma, capaz de producir significados particulares en cada espectador que lo disfrute.
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