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» por Sonia Gonorazky
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Obra: HOTEL MELANCOLICO MUY BUENA

Dramaturgia, Dirección y Puesta en escena:
Mariela Asensio.
Elenco:
Leticia Torres, Silvia Oleksikiw, Maria Laura Kossoy, Federico Schneider, José Marquez.
Intérprete musical:
Darío Lipovich.
Diseño de luces:
Leandra Rodríguez
Diseño de escenografía:
Mariela Asensio
Diseño de vestuario:
Constanza Palou Flórez
Dirección musical, arreglos y música original:
Darío Lipovich
Sala:
Teatro La Carbonera, Balcarce 998.
En el Hotel Melancólico –poco más o el equivalente a un conventillo náufrago en el tiempo- habitan seis personajes, sólo uno tiene nombre propio: la mujer-perro, la novia, Berta, el novio, el hombre y el músico. La acción –o mejor dicho, las distintas acciones que tienen lugar- ocurren en el descuidado patio central rodeado de cachivaches y en el baño minúsculo y precario, el espacio más codiciado en el hotel. Es fácil adivinar en la extraescena la ubicación de las habitaciones y de la cocina, otro lugar de circulación y encuentro que, aunque invisible, cumple también la función de ordenadora espacial de los acontecimientos.

La ambientación escenográfica es realista, sin metáforas ni ambiciones. En cambio la caracterización de los personajes tiene mucho de poético y produce un efecto de distanciamiento entre el mundo “real” y el de la representación teatral. En efecto, la mujer-perro con sus oscilaciones entre humanidad y bestialidad, la éterea (aunque dominante) Berta que habla un lenguaje incomprensible a los demás, el insólito vestido de la novia y también algunos rasgos de los personajes masculinos indican claramente que lo que se ofrece a la mirada del espectador no es una réplica del mundo cotidiano, sino uno estilizado con el fin preciso de “expresar y darle forma a emociones y estados comunes a todos los hombres; simples y complejos al mismo tiempo, como el deseo, la excitación, el despecho, la soledad, la envidia, los celos, la búsqueda constante de un otro.”, según las palabras de la directora.

Las mujeres son claramente las protagonistas, las que regulan y dan sentido a los acontecimientos y a la fábula (lo que se narra desde la dramaturgia). Frente a ellas los hombres parecen pequeños, menos complejos en sus formas de expresarse y “hacerse notar” pero sin que por ello pierdan profundidad sus sentimientos y su sensibilidad.

No hay otro conflicto –entendido como tensión entre fuerzas antagónicas o motor de la acción dramática- que las rispideces de la convivencia entre estos seres que hacen del Hotel Melancólico su propio universo, sin otra referencia al mundo exterior que algún programa de radio que suena con la tosquedad y el ruido de fondo de una grabación casera. Lo que tienen en común los personajes es su búsqueda de afecto, casi a cualquier precio. Es un acierto de la dramaturga y directora, Mariela Asensio, darle a esta difícil y frustrante empresa una dimensión casi monopólica. Una escena que sintetiza con brillo y gracia este ingrediente articulador de la dramaturgia, es aquella en que los seis responden el cuestionario de un test amoroso publicado en una revista femenina.

Técnicamente, se trata de un espectáculo que busca integrar en la multiplicidad de lo teatral, la música y la poesía. No puede definirse un argumento, sino que la dramaturgia se compone de pequeños relatos e historias de vida que se superponen. Cada una de estas historias tiene una prehistoria y una continuación que el espectador no conoce, y en ese sentido puede decirse que Hotel Melancólico no cuenta una historia sino que pinta un panorama, un paisaje humano.

Todos los aspectos de la puesta están muy cuidados. Recomiendo al futuro espectador reservar su entrada telefónicamente. La sala es pequeña y aunque todas las ubicaciones son igualmente buenas, conviene esquivar una columna que –con imaginación- podría considerarse como una intrusión del escenario en la platea.
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