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» por Jorge Grinberg
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Obra: BIENVENIDO SR MAYER BUENA

Elenco:
Roberto Ponce, Isaac Fain, Isabel Caban, Melisa Freund, Betty Dimos, Ester Fleischman, Julio Marticorena, Pablo Sorenzen, Sammy Lerner, Eduardo Wigutow, Daniel Toppino, Arnoldo Schmidt, Horacio Minujehn.
Música Original:
Sergio Vainikoff
Escenografía y vestuario:
Alberto Bellatti
Fotografía:
Gianni Mesticelli
Prensa:
Simkin & Franco
Asistencia de Dirección:
Paola Figueroa
Dirección y puesta en escena:
Daniel Marcove
Sala:
Teatro IFT, Bulogne Sur Mer 547.

Con “Bienvenido Sr Mayer”, Juan Freund intenta un recorrido -de matices autobiográficos- a través de sus fantasmas del pasado. Un recorrido que confronta dos vidas diferentes: aquella que pudo haber tenido en su Alemania natal, y la que pudo construir como inmigrante en la Argentina. Ambas signadas por dos de los grandes desastres que -entre tantos otros- produjo la humanidad durante el siglo XX: el Holocausto y los desaparecidos en la Argentina. Sucesos históricos que a pesar de su enorme diferencia cuantitativa, tienen un llamativo cúmulo de características en común., que bien podrían haber sido interpeladas aquí por el autor.
Impacta el comienzo de la obra, con el Sr Mayer entrando y dirigiéndose al público. Explica que iniciará un viaje por la Alemania actual, en el pueblo que lo vió nacer, en una búsqueda de lo que quedó de aquel mundo de su infancia y su primera juventud y que terminó por llevarse a todos sus seres queridos, incluídos sus padres, a los campos de concentración.
El periplo lo sorprende con un pueblo que lo agasaja y lo espera, desde el último habitante hasta su máxima autoridad: el intendente. Un pueblo, que pretendiendo ignorar el pasado, eliminarlo, no hablar de él, lo pone de manifiesto en la exacerbada deferencia con que recibe al de pronto ilustre Sr Mayer. Deferencia que no refleja otra cosa que culpa. Sin embargo, la visión de Juan Freund, nos muestra que todo sigue igual, que esas buenas personas que hoy halagan al Sr Mayer, están simulando, actuando un papel y no bien se distraen o relajan un poco, su monstruo nazi, se abre camino y aflora a la luz nuevamente.
Visión que tiene algo de ingenuo, simplista, casi infantil, donde deja sin explorar el amplio espacio que existe para analizar los procesos -infinitamente más complejos- que modelan el comportamiento humano.
El Sr Mayer, recrea en su imaginación, a personajes de su vida anterior. Su interlocutor es Fritz, un fotógrafo de aspecto sepia y literalmente cubierto de polvo, quien lo acompaña en su recorrido por anécdotas de la escuela, donde se enfrenta otra vez con la discriminación antisemita y los dudosos consejos que su padre le da para enfrentar la situación. En este recorrido, tiene hasta la oportunidad de verse con su hijo desaparecido, quien lo critica con dureza, en cuanto al “no te metás” que se supone típico de nuestro país.
Llama la atención, la pasividad que el autor le imprime al personaje, la actitud de resignación con la que el Sr Mayer acepta que le hayan destrozado la vida, que le hayan quitado lo más sagrado: sus seres queridos. Sus padres en Alemania. Su hijo en la Argentina. Actitud que tiene visos de realidad, que se hace reconocible. Quizá, una condición que las situaciones límite pueden imponer al ser humano. Lo quiebran. Lo anulan. Algo así, como lo que muestran algunos documentales de la época nazi, donde –por ejemplo- se ve a un grupo de judíos cavando el hoyo donde luego los van a enterrar. ¿Porqué cavaban? ¿Porqué ofrecer ese servicio sin rebelarse, si igual iban a morir?
“Bienvenido Sr Mayer”, es una excelente idea, que se queda a mitad de camino al desarrollar muy poco el autor sus evidentes potencialidades.
En cuanto al hecho teatral, las actuaciones son buenas, la dirección ha impreso un buen ritmo y se hizo un excelente aprovechamiento del espacio. Es para destacar el tema de los actores entre el público, que acompañan vocalmente muchas escenas y aumentan la sensación de involucramiento del mismo. La escenografía está bien lograda, siendo lo suficientemente flexible ante el vaivén que imponen dos tiempos distintos en un mismo espacio. Buena música y vestuario aceptable.
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