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» por Sonia Gonorazky
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Obra: HIJA AL COSTADO DE LA PUERTA DEL AFUERA GRIS BUENA

Autor:
Julio Molina
Elenco:
Mario Alfano, Natalia Farano, Eladia Grosso, Eduardo Ramoni, Noemi Ron.
Diseño de escenografía:
Luciana Rodriguez.
Diseño de luces:
Luciana Rodriguez.
Asistencia de dirección:
Junior Lareo.
Dirección:
Luciana Rodriguez.
Sala:
Centro Cultural Ricardo Rojas.
Todo es incómodo en esta puesta, desde el entrar a la sala, demasiado oscura, el tropezón con un obstáculo invisible e inesperado, el tomar asiento en las gradas de madera sin posibilidad de tener un “respaldo” para apoyarse, el frío en la sala. Otro signo “externo” que encuadra el trabajo teatral es la utilización del espacio físico de la sala, estrecha y alargada, de la cual se emplea poco menos de la mitad de la superficie, entre el “escenario” y el lugar que ocupa el público.

La fábula (o estructura narrativa del relato) se condensa en una reunión familiar, en la que algunos fantasmas visitan inesperadamente a sus parientes más íntimos. Tienen asuntos pendientes que aclarar, pero nadie está dispuesto a escuchar otra letanía que la propia. La situación familiar opresiva y de exagerado patetismo se multiplica en el clima, nublado, del “afuera gris”.

Más que el contenido, me interesaron las formas en que se desarrolla “Hija al costado ...”. El autor del texto comenta en una gacetilla el efectivo distanciamiento de las palabras y las acciones que logra la directora y marca dos signos relevantes al respecto: la sensación visual de giro continuo (que me sugiere inestabilidad y, al mismo tiempo, repetición) y la licuadora, síntesis hogareña que multiplica el ruido, impidiendo escuchar lo que cada uno de los personajes insiste vehementemente en decir, mostrando y ocultando al mismo tiempo.

Los actores repiten gestos y tics, que a veces parecen no tener ningún sentido específico, pero que de hecho lo tienen. Hay un ritornello también en lo que los personajes dicen, que sin embargo permite, con flujos y reflujos, que el espectador avance en la elucidación de las relaciones de rivalidad y de incesto entre ellos, multiformes pero que, sin embargo, no llegan a cobrar un sentido trágico (no es esto lo que interesa a la dramaturgia). Pienso que una clave para interpretar esta obra de teatro está en la promiscuidad sexual que, sin olvidar los aspectos ya señalados, también es una promiscuidad más general, entre cuyos aspectos se destaca la terrible e inefable presencia de los muertos en la conciencia de los vivos.
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