Todo es incómodo en esta puesta, desde
el entrar a la sala, demasiado oscura, el tropezón
con un obstáculo invisible e inesperado,
el tomar asiento en las gradas de madera sin posibilidad
de tener un “respaldo” para apoyarse,
el frío en la sala. Otro signo “externo”
que encuadra el trabajo teatral es la utilización
del espacio físico de la sala, estrecha
y alargada, de la cual se emplea poco menos de
la mitad de la superficie, entre el “escenario”
y el lugar que ocupa el público.
La fábula (o estructura narrativa del relato)
se condensa en una reunión familiar, en
la que algunos fantasmas visitan inesperadamente
a sus parientes más íntimos. Tienen
asuntos pendientes que aclarar, pero nadie está
dispuesto a escuchar otra letanía que la
propia. La situación familiar opresiva
y de exagerado patetismo se multiplica en el clima,
nublado, del “afuera gris”.
Más que el contenido, me interesaron las
formas en que se desarrolla “Hija al costado
...”. El autor del texto comenta en una
gacetilla el efectivo distanciamiento de las palabras
y las acciones que logra la directora y marca
dos signos relevantes al respecto: la sensación
visual de giro continuo (que me sugiere inestabilidad
y, al mismo tiempo, repetición) y la licuadora,
síntesis hogareña que multiplica
el ruido, impidiendo escuchar lo que cada uno
de los personajes insiste vehementemente en decir,
mostrando y ocultando al mismo tiempo.
Los actores repiten gestos y tics, que a veces
parecen no tener ningún sentido específico,
pero que de hecho lo tienen. Hay un ritornello
también en lo que los personajes dicen,
que sin embargo permite, con flujos y reflujos,
que el espectador avance en la elucidación
de las relaciones de rivalidad y de incesto entre
ellos, multiformes pero que, sin embargo, no llegan
a cobrar un sentido trágico (no es esto
lo que interesa a la dramaturgia). Pienso que
una clave para interpretar esta obra de teatro
está en la promiscuidad sexual que, sin
olvidar los aspectos ya señalados, también
es una promiscuidad más general, entre
cuyos aspectos se destaca la terrible e inefable
presencia de los muertos en la conciencia de los
vivos. |