El
texto de Griselda Gambaro –que una de las
actrices tuvo el amabilísimo gesto de hacerme
llegar- es denso y terrible. Sus personajes son
tres mujeres adultas y de ninguna de ellas podría
decirse que su biografía es “común
y corriente”, detalle que, sin embargo,
no las convierte en seres extraordinarios, sino
en criaturas llenas de dolor que les cuesta contener.
Las unen (y también las alejan) vínculos
de afecto al mismo tiempo estables y poco sólidos.
La gacetilla anticipa que “De Profesión
Maternal” trata de una madre, una hija,
un abandono, y del territorio infinito que las
separa que nadie conoce, que nadie ha transitado
y en el que ellas intentarán trazar un
camino.
Mi interpretación de la puesta se detiene
principalmente en la rigidez afectiva y motora
de las dos protagonistas, Matilde y Leticia, y
en la moderada dulzura de Eugenia. Matilde es
una mujer seca de sentimientos e inexpresiva,
parece movida por la racionalidad y el cálculo
y resulta sumamente egoísta, a quien repentinamente
asalta el temor a la vejez en soledad. Expresar
la complejidad de estos sentimientos, cargados
de culpa y autocompasión así como
de un incipiente humanismo (que no está
en el texto), es un trabajo difícil que
recae sobre la actriz, quien logra mostrar perfectamente
los aspectos odiosos de la personalidad de su
personaje, pero es menos convincente en lo reflexivo
y lo sentimental. La actriz que la interpreta
me confirma que ésta fue, justamente, la
intención que tuvieron en mente.
El personaje de Leticia resulta a mi juicio teñido
de una excesiva artificialidad que no desentona
con la opción estética-poética
que propone este grupo. Ella vive paralizada por
el rencor y el odio, aunque reconoce que “el
rencor cansa” y por eso su odio vacila continuamente.
El director respeta el texto de Gambaro así
como sus escuetas indicaciones sobre la puesta
en escena. Este marco sumamente austero propuesto
por la autora parece enfatizar intencionadamente
la falta de expresividad y de sentimentalismo
de los personajes, el “territorio vacío”
ya mencionado, y que parafrasea a una dura frase
de Matilde. Dejando volar la imaginación,
me pregunto qué hubiera ocurrido si las
actrices hubieran acentuado la gestualidad o los
pocos desplazamientos en el escenario, que me
parecieron demasiado mecanizados. Me contesto
que en ese caso el trabajo teatral se desplazaría
hacia una región diferente, más
cercana al análisis sociológico
y contextual de la situación que desencadena
el conflicto y que por lo tanto se alejaría
del universo de los sentimientos (al mismo tiempo
atípicos y estereotipados) que vinculan
a estas mujeres y del difícil intento de
tender un camino en medio de ese desierto, aspectos
que, intuyo son los que el director y las actrices
quisieron plasmar. |