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» por Sonia Gonorazky
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Obra: SOBRE UN BARCO DE PAPEL MUY BUENA

Actuan:
Cecilia Labourt, Beatríz Thibaudin
Vestuario:
Cecilia Labourt, Beatríz Thibaudin
Escenografía:
Mariel Bignasco, Maria Rosa Pfeiffer
Iluminación:
Mariel Bignasco, Maria Rosa Pfeiffer
Banda de sonido:
Walter Walker
Puesta en escena:
Mariel Bignasco, Maria Rosa Pfeiffer
Dirección:
Mariel Bignasco, Maria Rosa Pfeiffer
Sala:
C.C. Tadron, Niceto Vega 4802
Desde el título podemos sentirnos invitados a una navegación imaginaria, a un deseo de agua y de puertos que nunca se alcanzarán más que en el mundo de las ensoñaciones. La propuesta, es poéticamente tentadora...

La obra teatral se despliega tomando como punto de partida el desencuentro. Se oye la lluvia, insistente, la Hija llega a la casa, empapada, y saluda a su Madre, parlotea en lo que parece una conversación rutinaria, pero muy pronto entendemos que el diálogo es imaginario. Las dos mujeres se saben presentes, cercanas, y se dirigen la palabra, pero jamás la mirada, oyen el murmullo de la voz de la otra, pero no atinan a responder: cada una arma su propio monólogo, casi infinito, y cada discurso se va alejando palabra a palabra de su destinataria.

Las dos mujeres habitan en una casa grande en un pueblo pequeño y pequeñas son también sus ambiciones pueblerinas. Se tienen el cariño seco de las personas maduras y poco expresivas. Se necesitan y se molestan al mismo tiempo. La Madre espera a la muerte con más ilusión que tristeza, y esto es, a mi entender, uno de los mayores logros del texto.

El final, marcado por el único instante en que Madre e Hija se encuentran, es visualmente potente y puede considerarse, en algún sentido, abierto a variadas interpretaciones.

En cuanto a la estructura escénica, se intentó generar un espacio “especular”, en el que el público mismo se sienta enfrentado a un espejo, aunque imaginario. La autora partió de una idea bastante precisa acerca de esta organización espacial, tomada como metáfora del vínculo familiar y afectivo. Espejo que, al mismo tiempo, no deja de ser una pared imposible de atravesar en el mundo de la vigilia.
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