Una
joven repasa las enseñanzas de su madre,
reglas de comportamiento que reflejan la violencia
y el sojuzgamiento que se inculca a gran cantidad
de niñas para convertirlas en mujeres “normales”:
mansas y resistentes al maltrato. La asimilación
de la violencia física hasta el punto de
ser auto-infligida y la sexualidad como imposición
y sometimiento aparecen permanentemente; lo mismo
ocurre con algunos recuerdos monstruosos, distorsionados
por una fantasía que puede ser al mismo
tiempo apaciguadora y aterradora.
La gacetilla –a la que no siempre acceden
los espectadores- anticipa que la protagonista
estalla como reacción a esos mandatos.
Estallan su mente y su cuerpo, y por eso aparece
fragmentada en la escena, dividida en siete actrices
bien diferentes unas de otras. El autor y director
Alfredo Rosenbaum investiga en este trabajo “el
concepto de disolución del cuerpo y consecuentemente
de la identidad, a través de un personaje,
Margarita, que atraviesa por las actrices sin
terminar de situarse en ninguna.”
Suite –palabra de la jerga musical que se
refiere a una composición instrumental
integrada por movimientos muy variados, pero basados
en la misma tonalidad- es un espectáculo
compuesto a la manera de una coreografía
de diez piezas o cuadros, en que se da preponderancia
a la emotividad sobre la acción, recurriendo
a una marcada gestualidad y a movimientos enfáticos.
En ese contexto visual, las palabras contundentes
y atroces del texto principal, realzan su gran
potencia poética, tanto en los momentos
“corales” (en los que las voces se
suman en un murmullo musical) como cuando emergen
claramente inteligibles, dando cuenta de su brutal
contenido. El vestuario, así como la música
y los efectos sonoros hacen eco de la represión,
la fragmentación y el desconcierto de Margarita
y sus débiles y fallidos intentos por liberarse
de los mandatos incrustados en su Ser. |