Este
espectáculo, sustentado en coreografías
tal vez abstractas que invitan a la introspección
y en un potente –y a veces violento- texto
poético, participó el año
pasado del Festival de Danza de la Ciudad, y en
el mes de septiembre próximo participará
del V Festival Internacional de Teatro y Danza
de Buenos Aires.
No sólo las danzas y el texto son protagonistas.
En efecto, el espacio escénico –concebido
con la intención de crear un ámbito
en el que convivieran lo surreal, lo real y lo
irreal- está organizado como una gran habitación,
una sala tal vez, derruida. Las paredes no son
sólidas, dejan filtrar una luz que pareciera
provenir del exterior, dibujando franjas de claridad
y de sombra, hendijas que parecen invitar a la
mirada espía. También hay roturas,
verdaderas discontinuidades de los límites
que separan los espacios internos y exteriores.
“Llueve” es, en efecto, una pieza
de danza-teatro inspirada en un diario íntimo
que se expone, en forma oblicua, a los espectadores,
transportados al difuso mundo de inmovilidad y
cambio que sugiere el incesante sonido de la lluvia
y sus variaciones.
Atrás de esta habitación enorme,
pero expuesto claramente a la mirada, alguien
dibuja siluetas humanas con una gruesa cinta de
papel blanca. Figuras cuya aparición indica
de alguna manera la evolución de las relaciones
entre los tres personajes-artistas y su lugar
en ese pequeño mundo introspectivo, en
el que resulta preponderante la figura masculina,
no sólo por su físico enorme en
comparación al de las bailarinas, sino
también porque a menudo es la que lleva
el relato y parece “controlar” u organizar
lo que ocurre bajo su mirada y sus recuerdos.
A lo largo de los sesenta minutos de la función,
las coreografías oscilan en intensidad,
al tiempo que el hilo argumental (si es que pudiera
encontrase algo así como un argumento o
historia narrada en la danza) se va debilitando
o, mejor dicho, volviéndose más
personal e íntimo.
Como señalan en la gacetilla de prensa
las bailarinas Eugenia Estévez y Gabriela
Prado, creadoras de la coreografía y directoras
del espectáculo: “Todo termina
entrelazándose. Todo debe ser leído,
el lugar vacío también. Hay una
intención testimonial que se traduce en
palabras dichas, escritas, mapas y registros en
el cuerpo propio y ajeno.”
“Llueve” es, ciertamente, un espectáculo
apropiado para comenzar o terminar una velada
de viernes tranquila y reflexiva. |