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» por Daniel Mojica
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Obra: EL ESCONDRIJO .

Dirección General y Puesta en Escena:
Diego Cazabat
Elenco:
Andrea Ojeda, Julieta Fassone, Hugo de Bernardi
Textos:
Andrea Ojeda y Gastón Maziéres
Vestuario y escenografía:
Periplo Compañía teatral
Voz en off:
Juan Carlos Rochieri
Sala:
El Astrolabio
“La revuelta se ha desatado y ya no se sabe como controlarla. No es algo motivado por ideales. Es la desesperación. Los insurgentes han salido de debajo de los puentes donde viven y han invadido la propiedad de la señora C, que ocupa casi todo el territorio del continente”
Esto nos cuenta la compañía teatral El Periplo en su programa. La escenografía nos muestra un ambiente con bolsas de arena tipo trinchera, estratégicamente ubicadas para permitir la salida y entrada de los personajes. Una mesa y un par de sillas que usan la Sra. C y Amelia. Un baúl abierto a modo de placard que la Sra. C usará para cambiar sus zapatos por pantuflas y otros adminículos que le serán útiles. La silla que usa Amelia está cerca de una mesita alta con un cajón lleno de dinero con el que paga al servil uniformado, por todo lo que quiere. Y quiere mucho. Siempre más.
El tema es que los despojados por la Sra. C quien se hace la ingenua (podríamos decir “apolítica”) y su amiga Amelia (que tiene muy claro su pertenencia a la clase dominante) pertenecen al mismo segmento social. Si bien a Amelia parece venirle de herencia familiar genealógica, la Sra. C parece arribada de manera más reciente (vía matrimonial) y no piensa ni sueña, renunciar a los privilegios obtenidos de esa forma. Los arrojados del sistema, decía, han tomado las propiedades y no están dispuestos a irse así nomás. Para lograr ese cometido, está el almirante, servil secuaz de Amelia, la Sra. C y su clase. Quien ideó un plan de asalto a las propiedades que no da los resultados esperados, fueron rechazados con determinación.
Ante esta situación, Amelia ordena bombardear, la Sra. C se opone, aduciendo tener el único jardín que queda en el continente y que quiere conservarlo, así como todas y cada una de sus pertenencias.. por lo que el almirante requiere un poco más de tiempo y de dinero para elaborar otro plan. El militar es maltratado por Amelia, y le hace sentir quién manda. El marino se va y vuelve con otra idea. Convencer a los malvivientes de ser trasladados a la isla “Prosperidad”, donde la vida les sonreirá. Aprobada la estrategia nueva, corre a llevarla a la práctica.. Cuando regresa, escuchan en el radio, que los barcos cargados de desposeídos zarparon hacia “Prosperidad”. Todo es júbilo y festejos entre Amelia, la Sra. C y el almirante.. Cuando la fuerzas del orden establecido por fin van a tomar posesión de las fincas, resulta que unos dos mil reclamantes se habían escondido en los sótanos y repelen el intento de recuperación. Nuevamente el radio informa las malas nuevas, otra vez
Amelia maltrata al almirante y reflota la idea de las bombas, sin que la Sra. C lo registre de manera conciente, tal vez haciéndose la distraída (como gran parte de nuestra sociedad ha hecho con los genocidios autóctonos, léase el de los indios a manos de Roca; el de los treinta mil desaparecidos, sus hijos, padres y madres a manos de Videla, Massera y Cía ) decía que sin la Sra. C quisiera darse cuenta, Amelia le ordena al almirante que les meta bomba a los sublevados.
El resultado, la devastación de casi todo el continente, cuyos únicos sobrevivientes son Amelia, la Sra. C y el almirante. Han vuelto a ser los amos y dueños de todo lo que no respira, y de la muerte también. El radio les informa en la voz del capitán de la flota, lo felices que están todos en la isla “Prosperidad”, de la que no pueden regrasar, porque sólo les dieron combustible para llegar.
La desesperación se apodera de las mujeres que tienen el mando, pero no a quien mandar. Asi es que planean irse a la isla para tomar el poder y reinar otra vez. El final no lo cuento. Cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia.
Una vez más Periplo, compañía teatral me hace gozar de un excelente espectáculo teatral, con magníficas actuaciones; textos, situaciones y climas sobresalientes y una dirección magistral. Para no perdérsela.
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