“La
revuelta se ha desatado y ya no se sabe como controlarla.
No es algo motivado por ideales. Es la desesperación.
Los insurgentes han salido de debajo de los puentes
donde viven y han invadido la propiedad de la
señora C, que ocupa casi todo el territorio
del continente”
Esto nos cuenta la compañía teatral
El Periplo en su programa. La escenografía
nos muestra un ambiente con bolsas de arena tipo
trinchera, estratégicamente ubicadas para
permitir la salida y entrada de los personajes.
Una mesa y un par de sillas que usan la Sra. C
y Amelia. Un baúl abierto a modo de placard
que la Sra. C usará para cambiar sus zapatos
por pantuflas y otros adminículos que le
serán útiles. La silla que usa Amelia
está cerca de una mesita alta con un cajón
lleno de dinero con el que paga al servil uniformado,
por todo lo que quiere. Y quiere mucho. Siempre
más.
El tema es que los despojados por la Sra. C quien
se hace la ingenua (podríamos decir “apolítica”)
y su amiga Amelia (que tiene muy claro su pertenencia
a la clase dominante) pertenecen al mismo segmento
social. Si bien a Amelia parece venirle de herencia
familiar genealógica, la Sra. C parece
arribada de manera más reciente (vía
matrimonial) y no piensa ni sueña, renunciar
a los privilegios obtenidos de esa forma. Los
arrojados del sistema, decía, han tomado
las propiedades y no están dispuestos a
irse así nomás. Para lograr ese
cometido, está el almirante, servil secuaz
de Amelia, la Sra. C y su clase. Quien ideó
un plan de asalto a las propiedades que no da
los resultados esperados, fueron rechazados con
determinación.
Ante esta situación, Amelia ordena bombardear,
la Sra. C se opone, aduciendo tener el único
jardín que queda en el continente y que
quiere conservarlo, así como todas y cada
una de sus pertenencias.. por lo que el almirante
requiere un poco más de tiempo y de dinero
para elaborar otro plan. El militar es maltratado
por Amelia, y le hace sentir quién manda.
El marino se va y vuelve con otra idea. Convencer
a los malvivientes de ser trasladados a la isla
“Prosperidad”, donde la vida les sonreirá.
Aprobada la estrategia nueva, corre a llevarla
a la práctica.. Cuando regresa, escuchan
en el radio, que los barcos cargados de desposeídos
zarparon hacia “Prosperidad”. Todo
es júbilo y festejos entre Amelia, la Sra.
C y el almirante.. Cuando la fuerzas del orden
establecido por fin van a tomar posesión
de las fincas, resulta que unos dos mil reclamantes
se habían escondido en los sótanos
y repelen el intento de recuperación. Nuevamente
el radio informa las malas nuevas, otra vez
Amelia maltrata al almirante y reflota la idea
de las bombas, sin que la Sra. C lo registre de
manera conciente, tal vez haciéndose la
distraída (como gran parte de nuestra sociedad
ha hecho con los genocidios autóctonos,
léase el de los indios a manos de Roca;
el de los treinta mil desaparecidos, sus hijos,
padres y madres a manos de Videla, Massera y Cía
) decía que sin la Sra. C quisiera darse
cuenta, Amelia le ordena al almirante que les
meta bomba a los sublevados.
El resultado, la devastación de casi todo
el continente, cuyos únicos sobrevivientes
son Amelia, la Sra. C y el almirante. Han vuelto
a ser los amos y dueños de todo lo que
no respira, y de la muerte también. El
radio les informa en la voz del capitán
de la flota, lo felices que están todos
en la isla “Prosperidad”, de la que
no pueden regrasar, porque sólo les dieron
combustible para llegar.
La desesperación se apodera de las mujeres
que tienen el mando, pero no a quien mandar. Asi
es que planean irse a la isla para tomar el poder
y reinar otra vez. El final no lo cuento. Cualquier
semejanza con la realidad no es mera coincidencia.
Una vez más Periplo, compañía
teatral me hace gozar de un excelente espectáculo
teatral, con magníficas actuaciones; textos,
situaciones y climas sobresalientes y una dirección
magistral. Para no perdérsela. |