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» por Sonia Gonorazky
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Obra: Y EL TONTO SE FUE... .

Elenco:
Natalia Aparicio/ Julia Muzio / Jorge Costa
Direcciòn General:
Walter Velázquez
Asistente de Dirección:
Soledad Mujica
Asistente Artística:
Soledad Galarce
Realización de Vestuario y Escenografía:
Laura Cardoso, Martín Bacigalupo
Música Original:
Mariano Videla y Mariano “EL Gato Cabezón”
Prensa:
TEHAGOLAPRENSA
Sala:
Absurdo Palermo
Acostumbro escribir mis comentarios poco después de ver la obra de teatro a la que se refiere. Con “Y el tonto se fue” hago una excepción: me demoré más de un mes en comenzar mi trabajo y, aunque las razones de ello no vienen al caso, es necesario que lo aclare ante los lectores de esta nota, interesados en la obra en cuestión. Las reflexiones que encuentren aquí surgen de los recuerdos, de viejas impresiones, de las sensaciones que sobrevivieron en todo este tiempo. Lo que se pierde del detalle y la memoria que reflejaría una nota escrita inmediatamente, se gana (eso espero) en estilización, en la permanencia de los momentos y detalles que tuvieron mayor pregnancia para mí.

Entre la creciente cantidad de opciones que el teatro independiente ofrece en los días “de semana”, ésta es una que me impactó especialmente por algunos recursos visuales y, sobre todo, por su sensibilidad poética general, que prevalece sobre los momentos de crispación tanto de los personajes como la que se produce por momentos entre el público (que, de hecho, es un reflejo empático de la primera).

La gacetilla de prensa informa que: “La obra está creada desde la pureza y el carisma de la técnica de Clown y es el resultado de una investigación grupal hacia la realización de una dramaturgia profunda desde esta técnica.”. Quienes –como es mi caso- no estén familiarizados con las posibilidades expresivas del género clownesco, no podrán dejar de sorprenderse de forma agradable: los actores muestran a seres ingenuos, tal vez infantilizados con algún exceso (un recurso de la dramaturgia que puede o no resultar efectivo según el gusto de cada espectador), e infinitamente sensibles, de ningún modo grotescos.

La obra nos muestra el encuentro de Laura con dos fantasmas que todavía moran en la casa donde vivió toda su infancia. Los anfitriones, que esperan su regreso para poder despedirse, tienen una existencia, o un nivel ontológico, bastante diferente; parecen habitar en distintos niveles del mundo fantasmal, uno más etéreo que el otro. Lejos de ser un recurso trivial, esto nos enfrenta a las diversas relaciones y conflictos entre los tres personajes y a las particularidades específicas de cada uno. También es significativo que Laura no sólo regresa a la casa paterna con un plan (o una excusa) preciso y materialista, sino también que vuelve desde el extranjero, es decir, desde una lugar que está geográfica y afectivamente sumamente alejado. Surgen así de entrada dos tópicos frecuentes en el teatro y muy valiosos para la interpretación de esta obra: el Viaje y el Regreso. Estos temas se despliegan a lo largo de la función adquiriendo nuevos sentidos puesto que aquí no es el viaje propiamente dicho el que permitirá una posterior reconciliación con el mundo o consigo de la viajera, sino todo lo que acontece durante el encuentro de los personajes.
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