Acostumbro
escribir mis comentarios poco después de
ver la obra de teatro a la que se refiere. Con
“Y el tonto se fue” hago una excepción:
me demoré más de un mes en comenzar
mi trabajo y, aunque las razones de ello no vienen
al caso, es necesario que lo aclare ante los lectores
de esta nota, interesados en la obra en cuestión.
Las reflexiones que encuentren aquí surgen
de los recuerdos, de viejas impresiones, de las
sensaciones que sobrevivieron en todo este tiempo.
Lo que se pierde del detalle y la memoria que
reflejaría una nota escrita inmediatamente,
se gana (eso espero) en estilización, en
la permanencia de los momentos y detalles que
tuvieron mayor pregnancia para mí.
Entre la creciente cantidad de opciones que el
teatro independiente ofrece en los días
“de semana”, ésta es una que
me impactó especialmente por algunos recursos
visuales y, sobre todo, por su sensibilidad poética
general, que prevalece sobre los momentos de crispación
tanto de los personajes como la que se produce
por momentos entre el público (que, de
hecho, es un reflejo empático de la primera).
La gacetilla de prensa informa que: “La
obra está creada desde la pureza y el carisma
de la técnica de Clown y es el resultado
de una investigación grupal hacia la realización
de una dramaturgia profunda desde esta técnica.”.
Quienes –como es mi caso- no estén
familiarizados con las posibilidades expresivas
del género clownesco, no podrán
dejar de sorprenderse de forma agradable: los
actores muestran a seres ingenuos, tal vez infantilizados
con algún exceso (un recurso de la dramaturgia
que puede o no resultar efectivo según
el gusto de cada espectador), e infinitamente
sensibles, de ningún modo grotescos.
La obra nos muestra el encuentro de Laura con
dos fantasmas que todavía moran en la casa
donde vivió toda su infancia. Los anfitriones,
que esperan su regreso para poder despedirse,
tienen una existencia, o un nivel ontológico,
bastante diferente; parecen habitar en distintos
niveles del mundo fantasmal, uno más etéreo
que el otro. Lejos de ser un recurso trivial,
esto nos enfrenta a las diversas relaciones y
conflictos entre los tres personajes y a las particularidades
específicas de cada uno. También
es significativo que Laura no sólo regresa
a la casa paterna con un plan (o una excusa) preciso
y materialista, sino también que vuelve
desde el extranjero, es decir, desde una lugar
que está geográfica y afectivamente
sumamente alejado. Surgen así de entrada
dos tópicos frecuentes en el teatro y muy
valiosos para la interpretación de esta
obra: el Viaje y el Regreso. Estos temas se despliegan
a lo largo de la función adquiriendo nuevos
sentidos puesto que aquí no es el viaje
propiamente dicho el que permitirá una
posterior reconciliación con el mundo o
consigo de la viajera, sino todo lo que acontece
durante el encuentro de los personajes. |