El arte suele tener aristas inesperadas. Una obra
escrita en 1606, en Gran Bretaña, refleja
casi a la perfección el espíritu
de la década que va de 1990 a 1999 en la
Repùblica Argentina ¿Serà
que el ser humano no ha cambiado tanto en ese
tiempo? ¿O serà ese especial tipo
de ser que reencarna una y otra vez con las mismas
características?
Lo cierto es la habilidad del artista, en este
caso poeta y dramaturgo, para plasmar esa realidad
y que uno lo sienta vigente a travès del
tiempo. Dicen que eso sucede con las obras de
arte, que no tienen fecha de vencimiento. Esto
es lo que pasa con esta magistral creación
de Ben Jonson, que para no desentonar, en esta
versión libre, el director Andrés
Sahade y sus virtuosos intèrpretes nos
regalan dos horas y media de deleite. En la forma
de maravillosas actuaciones tanto en la faz actoral,
cuanto en la musical-instrumental.
Cada uno de los cinco actos de esta comedia brilla
con luz propia. En ella se muestran las miserias
a las que son capaces de llegar ciertas personas
por ambición. Por el ansia de poseer riqueza
y bienes materiales.
La historia es sencilla. Volpina finge e star
al borde de la muerte para recibir regalos y dàdivas
de sus primas que quieren ser ùnicas herederas
de la fortuna de V olpina, quien ayudada por su
criada Mosca, urden intrincados planes para incrementar
la fortuna de la supuesta enferma.
Asi desfilan Bulebù de Trebui, Pécora,
y Santoiena. Cada una a su manera intentan influir
en la enferma a travès de Mosca, creyendo
que han comprado su voluntad con ciertos presentes,
para convencerla que firme el testamento a su
propio nombre, como ùnica heredera. Tambièn
està el Dr. Wolf, especialista en casarse
con mujeres moribundas, enviudar y heredar.
Con cada uno de ellos Volpina y la fiel Mosca
haràn uso de su ingenio y creatividad para
envolverlos siempre y cada vez màs. Pero
Volpina, quiere además recibir los favores
del muy dotado esposo de Pécora, Magnus.
Quien es celosamente resguardado por la esposa.
Allì se produce un punto de inflexión
que puede s er peligroso para los intereses de
Volpina. Mosca se lo advierte a su patrona, quien
no le hace caso y siempre sube su apuesta un poco
màs.
A partir de entonces las cosas se empiezan a complicar,
hasta llegar al ¿inesperado? final.
Excelentes actuaciones de un elenco sin fisuras,
donde me permito destacar a Micaela Fariña
con su excepcional interpretación de Mosca,
Antonella Querzoli como Volpina y Sebastián
Pomirò como Magnus.
Impecable dramaturgia, sutil y funcional la escenografìa
y muy bueno el vestuario. Para resaltar la música
y quienes la interpretan.
Para no dejar de verla. |