Cuando la pasión està presente,
la vida late. En la soledad de una habitación,
en la multitud de una plaza pùblica, en
un espacio escénico.
Paulina Rachid pone su pasión, su cuerpo
y su alma para decirnos de todas las maneras posibles
que su personaje necesita amar y ser amada. Lo
dice con su voz, con sus ojos , con sus manos,
con toda su piel.
Nada de ella queda afuera en esa siesta “...en
la que el amor me pone tan simple, tan ìntima,
tan a flor de piel...”
Sentirla en escena (porque no es sòlo verla)
es una celebración para el espíritu,
porque se ilumina como pocos son capaces de hacerlo
frente al pùblico.
Con una dramaturgia a la altura de su entrega
y una puesta en escena simple, que posibilita
la desmesura, la lujuria, la timidez, el desborde
y la contención que el personaje debe transitar
para hacernos vivir lo que le sucede.
Los textos fluyen desde las entrañas de
esta mujer que nos invita, nos exhorta y nos impele
a sentir con ella.
Confieso que desde “Pestañas como
agujas” estaba esperando la nueva producción
de TATAMITEATRO. Valiò la pena esta espera.
No es comùn que la poesìa se adueñe
del escenario y la platea, Tatamiteatro lo consigue.
Es un espectáculo para disfrutar màs
de una vez. |