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Jorge Grinbergn |
Obra:
EL HOMBRE QUE CAMINA
Dirección: Pilar
Beamonte y Ana Garat.
Idea y Coreografía:
Pilar
Beamonte y Ana Garat.
Diseño de escenografía: Adriana Vázquez
y Mariana Ibañez.
Música Original: José María
DÁngelo.
Diseño de Iluminación y Coordinación Actoral:
Omar Pacheco.
Coordinación de Extras: Andrea Servera y
María José Amen.
Funciones: 19 de diciembre al 12 de enero:
jueves y domingos 21:30 hs - Viernes y sábados - 22:30 hs. |
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Desde
la misma entrada de esta puesta de Pilar Beamonte y Ana Garat, se
nos anticipa el denso clima de caos, de incertidumbre, casi de apocalipsis,
que se mantendrá hasta el final. Se ingresa por un estrecho
corredor de escaleras, envuelto en una espesa bruma, con una luz que
difumina más que alumbra, en un ambiente inmerso en los acordes
de una música misteriosa y penetrante.
La obra, transcurre en un espacio que rodea a los espectadores de
forma multidimensional, esto es, por arriba, por debajo y por los
costados, dejando a la concurrencia en una especie de cubo central,
que queda literalmente envuelto en la acción, ya que es cruzado
por todos los planos visuales, dando al conjunto una mágica
sensación de volumen.
El tema, el acontecer del hombre en el mundo, deja expuesta la trama
sobre la cual construye su apariencia. Lo central, el nudo, |
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la esencia -si es que hay esencias- de lo que realmente se mueve detrás
de todo lo que parece. Los conflictos humanos, la imposibilidad del contacto
afectivo, el estar con el otro, que más que salvarnos de la soledad,
la refirma.
La lucha por el poder, por el dominio, la desazón, el absurdo, el
sin sentido de la vida tal como la conocemos. El paso del tiempo. La relación
con la muerte
"El hombre que camina" es imagen, movimiento, y aunque prácticamente
no apela a la palabra, comunica con una contundencia que generalmente es
inaccesible para el decir.
Rostros de bien lograda inexpresividad, gestos que intentan en vano manifestar
alguna emoción casi mecánica, son algunos de los recursos
con que este excelente elenco de danza contemporánea, nos jaquea,
casi nos acorrala.
El ritmo, cinematográfico, tiene por instantes el vértigo
de un video clip y en otros casi detiene el tiempo como en una fotografía.
Su potencia visual, apoyada por una excelente iluminación, y realzada
con una acertada implementación musical, impacta, moviliza, conmueve,
genera ideas, provoca. Y nos lleva a la reflexión. Si es cierto que
el arte es una recreación de la realidad, "El hombre que camina"
nos indica que hay razones para estar preocupado.
Al finalizar, no pude evitar -mérito de la obra- que el cartel que
indica "Salida", me parezca una ironía.
"El hombre que camina", lo hace con paso firme, pero cuidado:
Si entran a verla, tal vez ya no puedan salir.
Excelente. |
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