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por Daniel Mojican
Obra: CUATRO OBRAS SANITARIAS
Sala: The Cavern, Complejo La Plaza- Av. Corrientes 1660, Buenos Aires.
Funciones: Sábados 23,15 hs.
Elenco: Eduardo Poli, Nacho Vavassori, Gisela Heger, Carlos Lanari, Pablo Albarello.
Autor: Pablo Albarello.
Dirección: Edda Díaz.
Asistente de Dirección: Eduardo Poli.
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Dentro de un elenco donde se puede ver el trabajo intenso de los actores y una concentración con altibajos más notorios en Gisela Heger, que por momentos deja desamparados a sus personajes y con una ejecución externa de las acciones que torna no creíbles las mismas, se destacan el histrionismo de Pablo Albarello y el oficio de Carlos Lanari.
Nobleza obliga, debo mencionar que asistí a la función del sábado 1/2/03, al término de la cual la directora se disculpó ante el público porque uno de los actores ( Eduardo Poli ) arrastraba una dolencia ósea que hubiera obligado a suspender la función. Circunstancia que obviamente influyó en el ánimo del elenco y en su performance. Por lo que no ahondaré en el trabajo de los actores. El teatro tiene estas cosas que hacen que la tarea del cronista sea el subjetivo registro de un momento ( una función en particular ) en la sucesión de representaciones que una obra pone en marcha.
No obstante lo cual me permito hablar del texto, las ideas que se ponen en acción, sobre el escenario. La obra está armada a modo de sketches televisivos con irregular estructura dramática.
El acto primero habla de las desavenencias conyugales de una pareja de actores que trabajan de estatuas vivientes, con diálogos bastante previsibles y efectistas.
El acto segundo es un asalto con toma de rehenes donde se produce el reencuentro casual de dos amigos de la infancia, uno es rehén y el otro
secuestrador. La idea es buena, sucede que los lugares comunes empañan las más brillantes ideas.
El acto tercero ocurre en un jardín de infantes en ocasión que un padre va a buscar al hijo y la directora debe comunicarle que lo han extraviado. Otra idea interesante que naufraga entre delirios onanistas de la directora del jardín y la escasa autoestima del padre. Aquí se hace muy notorio algo que atraviesa todo el texto de la obra, pareciera que el autor supone que sus estereotipos encarnados en los personajes y sus respectivos diálogos, representan el imaginario colectivo de quienes presenciarán la puesta en escena, en tanto los espectadores sienten que están en presencia de códigos que sólo entienden quienes los expresan. Esto queda claramente reflejado cuando se agotan las risas provocadas por forzadas situaciones, y queda flotando entre el público ese silencio que surge cuando no se puede descifrar el mensaje recibido.
El acto cuarto ocurre en el baño de un aeropuerto, entre dos hombres que agotan la escena entre juegos de mingitorio y confusos diálogos, donde no asoman las almas de estos personajes , sino sus conocimientos de las diferentes formas de darle a las bolitas de naftalina con sus líquidos renales.
Leyendo al autor en la gacetilla de prensa cito:"...en general cuando trabajo lo primero que me surge es una imagen...lo que viene después es el trabajo, armar la situación, inventar un encuentro, una historia, un diálogo..."
En lo personal creo que lo que faltó precisamente es "...armar la situación...una historia, un diálogo..." dramáticamente convincente.
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